Presidente taiwanés critica “cultos a caudillos” el mismo día del desfile militar en Pekín

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Pekín, 3 sep (EFE).- El presidente de Taiwán, William Lai, criticó este miércoles los “cultos a líderes fuertes” y las redes de policía secreta en regímenes autoritarios, coincidiendo con el desfile militar celebrado en Pekín por el 80º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.

Lai publicó su mensaje en Facebook, donde sostuvo que “el fascismo abarca el nacionalismo extremo, la persecución de un ilusorio gran rejuvenecimiento nacional, un férreo control interno del discurso, la represión de la diversidad social, la creación de redes de policía secreta y el culto abierto a los caudillos”.

El mandatario taiwanés recordó que fue el general republicano Hsu Yung-chang quien firmó la rendición de Japón en 1945 en nombre de China, subrayando que desde entonces “los antiguos países del Eje se han convertido en democracias”.

Mientras Pekín celebraba su desfile con la presencia del presidente chino, Xi Jinping, su homólogo ruso, Vladímir Putin, y el líder norcoreano, Kim Jong-un, Lai participó en Taipéi en una ceremonia en el Santuario Nacional de Mártires para honrar a los soldados del Ejército Nacional que murieron en combate, incluidos los que lucharon contra Japón y los comunistas, informó la agencia de noticias CNA.

El Gobierno taiwanés reiteró la prohibición a sus ciudadanos de asistir a la marcha militar en Pekín, aunque entre los invitados figuró la ex presidenta del opositor Kuomintang (KMT), Hung Hsiu-chu, quien defendió este martes la responsabilidad histórica de su partido en la resistencia contra Japón.

La Segunda Guerra Mundial transcurrió paralelamente a la guerra civil china entre nacionalistas y comunistas (1927-1949), quienes acordaron una tregua para luchar conjuntamente contra Japón.

Los nacionalistas se desplazaron a Taiwán tras su derrota en la contienda civil en 1949.

Las autoridades de Pekín consideran a Taiwán como una "parte inalienable" del territorio chino y no han descartado el uso de la fuerza para concretar la "reunificación" de la isla y el continente, uno de los objetivos a largo plazo trazados por Xi tras su llegada al poder en 2012.

En este contexto, China ha intensificado su campaña de presión diplomática y militar contra Taiwán en los últimos años, al organizar maniobras bélicas en las inmediaciones de la isla con cada vez más frecuencia.