"Lo que descubrirá (el visitante) es el relato de una Nápoles menos conocida, con artistas, pintoras, pero también mujeres de cultura que hasta ahora habían sido poco valoradas, poco narradas, y que aquí pueden mostrar su talento", explica a EFE el director general de las Galerías de Italia, Michele Coppola.
El museo, propiedad del banco Intesa Sanpaolo, expondrá desde este jueves y hasta el próximo 22 de marzo 69 obras procedentes de museos italianos e internacionales, entre ellos el Museo del Prado, las Colecciones Reales de España, la National Gallery of Art de Washington y la Fundación Casa Ducal de Medinaceli.
El seicento fue un periodo de enorme efervescencia artística y social para Italia, un siglo en el que Nápoles, entonces bajo la influencia española con el virreinato, se convirtió en un cruce de enorme creación artística.
O de Diego Velázquez, como el retrato de María de Austria, reina de Hungría (1630), prestado por el Prado, que muestra a la infanta con una serenidad solemne y una presencia imponente.
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Hasta ahora, la investigación académica sobre el arte napolitano en el siglo XVII se ha centrado en la figura de Artemisia Gentileschi, una de las artistas más importantes de la historia, cuya obra se caracteriza por su estilo caravaggista, su realismo y su enfoque en personajes femeninos fuertes y empoderados.
"Empezamos a hablar de Artemisia Gentileschi, de su periodo en Nápoles, y ahí estábamos 'obligados', como se dice con una sonrisa, a seguir investigando en aquel momento extraordinario, de enorme importancia cultural, de esta parte tan significativa de Italia", subraya el director.
La exposición dedica un espacio destacado a Diana Di Rosa, conocida como Annella di Massimo, considerada la gran contraparte napolitana de Gentileschi, con unas capacidades artísticas, ya demostradas en una muestra de 2022–2023, que se ponen ahora en contexto dentro del tejido cultural femenino del siglo XVII.
Otra sección se centra en dos figuras esenciales de la Nápoles barroca: Andreana Basile, la cantante más célebre de su tiempo y reclamada por las principales cortes italianas, y Giulia Di Caro, cuyo paso de cortesana a empresaria teatral ilustra un excepcional proceso de emancipación y ascenso social femenino.
La muestra también rescata a artistas menos conocidas, como Teresa Del Po, activa entre Roma y Nápoles y reconocida por su habilidad como pintora, miniaturista y grabadora, y Caterina De Julianis.
Sus obras se presentan acompañadas de piezas de su entorno artístico que subrayan el paisaje cultural compartido de Nápoles, y, en el caso de De Julianis, en diálogo con la andaluza Luisa Roldán, escultora barroca de cámara de los reyes de España Carlos II y Felipe V, y primera y única mujer en ostentar dicho título.
Debido a esa mezcla de obras conocidas y otras que no, el reto, según explica a EFE el vicedirector de la Galería de Nápoles y comisario de la muestra Antonio Ernesto Denunzios, fue "devolver al conocimiento de un público amplio materiales sobre temas a menudo poco conocidos y poco frecuentados en los estudios".
"El mayor desafío ha sido recuperar noticias y obras de artistas a menudo poco conocidos, obras que requerían imaginar una intervención de conservación importante, y realizar una adecuada campaña fotográfica que nunca se había hecho antes", revela.
