Dos relatos marcan versiones de militares ecuatorianos en caso de desaparición de menores

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Guayaquil (Ecuador), 1 dic (EFE).- Los testimonios de los diecisiete militares procesados en Ecuador por la desaparición forzada de cuatro menores afrodescendientes en 2024, cuyos cuerpos aparecieron posteriormente calcinados, se enmarcan en dos relatos en los que, por un lado, se señala que hubo golpes, insultos, vejaciones y disparos, y por el otro se desmiente totalmente que las víctimas hayan sido agredidas.

El juicio se lleva a cabo por los hechos suscitados el 8 de diciembre de 2024, cuando Ismael y Josué Arroyo, de 15 y 14 años, junto a sus amigos Saúl Arboleda, de 15, y Steven Medina, de 11, fueron detenidos de manera irregular por dos patrullas militares en los exteriores de un centro comercial ubicado en el sur de Guayaquil, cerca del barrio Las Malvinas, donde ellos vivían.

Posteriormente fueron llevados a la zona de Taura, a unos 40 kilómetros de Guayaquil, cerca de una base de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) y sus familiares no volvieron a saber de ellos hasta días después, cuando la Fiscalía les informó que unos restos calcinados encontrados en una zona rural cercana a donde fueron vistos por última vez eran de los menores.

La autopsia realizada a los cuerpos determinó la existencia de impactos de bala en, al menos, tres de las víctimas.

Los militares empezaron a testificar el 25 de noviembre y sus versiones coinciden en varias partes de la historia: que regresaban a la base de Taura tras cumplir una orden de resguardo de un camión que iba hacia el sur de Guayaquil, y que, cuando regresaban, fueron alertados de un supuesto robo.

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En esa parte los relatos se dividen. Cinco soldados decidieron acogerse a la cooperación eficaz (delación premiada) y algunos de ellos han asegurado hasta ahora que varios de los militares se bajaron de las camionetas para detener a los menores cuando se escucharon disparos al aire e indicaron que los menores fueron golpeados tras ser subidos a los vehículos. Una versión que diez soldados han negado.

Tras la detención se dirigieron a Taura y dos de los colaboradores afirmaron que le sugirieron al jefe de la patrulla, el subteniente John Z., que dejara a los menores en Guayaquil, pero que él se negó y aseguró que conocía "una poza" donde los podrían dejar.

En el camino, según la versión del tercer colaborador, hicieron una parada en un peaje, donde otro de los soldados baja a dos de los menores, "los pone de rodillas y con las manos en la cabeza" y empieza a golpearlos.

Luego "logra coger al más alto a la altura del cuello y de la bermuda y lo lanza a la camioneta. Al caer se golpea con un fusil y sufre una herida en la cabeza", dijo este lunes Alex Q.

Las patrullas tomaron un desvío rural para llegar a la base y se encontraron con un árbol caído y aquí es donde los colaboradores aseguraron que hubo más golpes, insultos y disparos.

"Se podía escuchar los quejidos de los aprehendidos que estaban siendo golpeados", relató Alex Q., que añadió que los menores estaban en el piso "completamente desnudos".

Días antes, Moisés L. había asegurado que el jefe se había "encarnizado con el más pequeño". En ese momento, añadió, se escuchó un disparo, aunque los menores quedaron con vida.

Los colaboradores se disculparon con las familias por ocultar la información, mientras que los otros militares afirmaron que nada de esto pasó.

La audiencia se retomará este martes para escuchar a los últimos tres procesados, entre ellos el jefe que, dijeron los soldados, dio todas las órdenes esa noche.