Crans Montana rinde gran homenaje a víctimas del incendio en medio del dolor y el trauma

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Crans Montana (Suiza), 4 ene.- "Arthur se ha ido de fiesta al paraíso. Podemos comenzar nuestro duelo sabiendo que está en la paz y en la luz", repetía Leticia llorando y abrazando a amigos suyos y de su hijo de 16 años, perecido en el incendio de un bar en los Alpes suizos, en un gran homenaje que Crans Montana ha rendido hoy a las víctimas.

El adolescente es uno de los 24 fallecidos que han podido ser formalmente identificados hasta ahora entre los 40 que murieron en una fiesta en la que estaban celebrando la llegada del nuevo año en un centro nocturno de esta estación de esquí.

De los identificados, 18 son suizos, mientras que los italianos son el segundo grupo nacional más afectado.

El fuego dejó también 119 heridos, gran parte de ellos con quemaduras graves y extendidas, lo que ha obligado a transferir a medio centenar a hospitales con servicios altamente especializados de otros países europeos que se ofrecieron a recibirlos.

Algunos siguen en cuidados intensivos en coma inducido y para otros la recuperación requerirá meses sino años.

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La intensidad del sufrimiento y del trauma que ha dejado esta tragedia quedó reflejada este domingo en el inmenso homenaje que se ha rendido a las víctimas y sus familias, así como a los socorristas y bomberos que acudieron a auxiliarlos en la Nochevieja, muchos de los cuales se veían devastados.

Un gran desfile, en el que el silencio solo era roto por innumerables personas llorando copó la calle principal de Crans Montana, salió de la iglesia donde se celebró una misa en memoria de todas las víctimas, cooficiada por el obispo de Sion (capital del cantón de Valais), Jean-Marie Lovey, y el pastor protestante Gilles Cavin.

“Entre las víctimas hay aprendices, estudiantes, te rogamos por sus amigos, duramente afectados por esta desgracia, en esa noche que debía ser de fiesta y amistad”, dijo.

Más de un millar de personas caminaron luego hasta el lugar del incendio donde ha surgido de manera espontánea un espacio conmemorativo lleno de flores, velas, mensajes y muñecos de peluche, que reflejaban las tempranas edades de varias de las víctimas.

Entre los fallecidos con identidades confirmadas, una docena tenían entre 14 y 16 años.

Hasta allí llegaron -entre aplausos- socorristas y bomberos que habían asistido a las víctimas y que abrazados sollozaban inconsolables.

En Crans Montana hay una población permanente de alrededor 10.500 habitantes, que se consideran una gran familia, donde prácticamente todos conocen a una víctima, o a un familiar o amigo de alguna de ellas, lo que explica el nivel del trauma colectivo que se vive.

Los rostros de los transeúntes reflejan tristeza y seriedad, así como los de los empleados de bares y restaurantes, en su mayoría jóvenes a los que no es raro ver quebrarse en medio de su servicio y romper en llanto.

Los expertos evocan continuamente la necesidad de una plan de apoyo psicosocial, en particular para los jóvenes en los centros de estudio, que reanudan este lunes las clases.

Ademas, la población de Crans Montana y de Suiza reclaman la verdad y que se determine por qué el incendio se propagó de manera tan violenta y rápida, y por qué los jóvenes no pudieron escapar.

Además del uso de bengalas en botellas (una práctica que se ha generalizado en bares y discotecas de Europa), la pista apunta a la utilización de espuma acústica (posiblemente de baja calidad) como elemento que intensificó el incendio, así como a la capacidad de la escalera de acceso al subsuelo del local donde se realizaba la fiesta.

La fiscal cantonal ha aclarado que el bar sí tenía una salida de emergencia, pero que el saldo de víctimas indica que éstas no la encontraron.

Los propietarios, una pareja de franceses, ahora se encuentran bajo investigación penal para dilucidar su responsabilidad y han prometido colaborar.

En uno de sus escasos comentarios a la prensa, han señalado que el bar fue inspeccionado tres veces en diez años, a pesar de que las normas vigentes establecen que los locales que reciben público deben ser inspeccionados anualmente, lo que plantea preguntas en torno a una eventual responsabilidad de la administración local.