En su primera entrevista del año con la BBC, Starmer afirmó que "el interés nacional" es el que dicta su continuidad, en alusión al pasado inmediato: "Hemos asistido a la continua tala y recambio de líderes, de equipos, lo que causó un caos absoluto, y esa fue la razón de que los conservadores fueran expulsados en las pasadas elecciones, razonó".
"Nadie quiere volver a eso. No está en el interés nacional. Sabemos por experiencia lo que sucede cuando caes en ese rumbo caótico, y no voy a llevar de nuevo (al país) a ese caos".
Aludía con ello a que en los ocho años precedentes a su llegada (2016-2024), se sucedieron cuatro primeros ministros conservadores, en un ambiente de inestabilidad post-Brexit, y que algunos de ellos, como el caso de Liz Truss, no ocuparon el cargo ni siquiera dos meses.
El actual mandato de Starmer termina en 2029.
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Las palabras de Starmer salen así al paso de persistentes rumores sobre su debilidad, que incluyen nombres de otros políticos laboristas que podrían disputarle el puesto, entre ellos los ministros de Interior, de Sanidad o de Energía.
El mismo Partido Laborista ha encargado sondeos internos de preferencias de liderazgo entre varios eventuales candidatos y Starmer -un hombre al que todos reconocen poco carisma- sale perdiendo en cuatro emparejamientos con otros tantos rivales.
El pasado mes de noviembre, una encuesta de YouGov daba a Starmer unos índices catastróficos de popularidad: un 73 % de encuestados tenían una opinión desfavorable de su desempeño, frente a un magro 19 % que lo veían de forma favorable.
El único alivio que Starmer pudo encontrar en esa encuesta es que la opinión no era mucho mejor con otros líderes de partidos, a excepción del liberal-demócrata (centro) Ed Davie y del ecologista Zack Polanski.
