"Hemos dado todas las oportunidades al debate" pero "llega un momento en que hay que ver la realidad", explicó este viernes la ministra de Hacienda, Amélie de Montchalin, para justificar ese giro del Ejecutivo después de varias semanas en las que sus miembros insistían en que creían que era posible conseguir una mayoría parlamentaria que votara los presupuestos que se están debatiendo.
En una entrevista al canal France 2, De Monchalin justificó esta inflexión por la actitud de los que calificó como "saboteadores", refiriéndose a los dos grupos de los dos extremos del arco parlamentario, La Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Mélenchon y la Agrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen.
Para ilustrar esa actitud, afirmó que esos dos partidos han estado votando durante los debates parlamentarios "deliberadamente" enmiendas con el objetivo de que los presupuestos fueran inaplicables.
Lo que va a ocurrir a partir de ahora es que Lecornu y su gabinete van a poner encima de la mesa una propuesta de presupuestos sobre la que van a negociar con los partidos no ya para conseguir que voten a favor, sino simplemente para que cuando se adopten por decreto no voten en favor de la moción de censura que seguirá.
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Los presupuestos de 2026 no se pudieron aprobar a finales del pasado año, cuando debería haberse hecho, igualmente por falta de una mayoría suficiente, y el Ejecutivo optó a mediados de diciembre por recurrir a una ley especial para que hubiera una especie de prórroga presupuestaria, pero insistiendo en que quería volver a intentar el debate en enero.
Ahora tiene dos opciones técnicamente para adoptar los presupuestos, la primera el artículo 49.3 de la Constitución, que le expone inmediatamente a una moción de censura, y otra mediante decretos, que en cualquier caso también abre las puertas a que los grupos de oposición presenten una moción de censura.
El Gobierno ha subrayado que una de las condiciones imprescindibles para las cuentas públicas este año es que el déficit tiene que ser como máximo del 5 % del producto interior bruto (PIB) para poder cumplir el compromiso contraído con sus socios europeos de reducirlo al 3 % como máximo en 2029.
En 2025, las primeras anticipaciones apuntan a que el déficit fue del 5,4 % del PIB, después de que en 2024 se hubiera disparado hasta el 5,8 %.
