Prohibido criticar a Trump

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Moscú, 17 ene (EFE).- El Kremlin hace todo tipo de malabarismos diplomáticos para condenar indirectamente las acciones de Estados Unidos en Irán y Venezuela, pero no criticar expresamente a su presidente, Donald Trump.

"Prohibido criticar a Trump" es la tácita circular que recibieron hace un año los medios de comunicación rusos desde la Administración presidencial.

No obstante, esa recomendación se ha vuelto difícil de aplicar cuando el principal aliado de Rusia en América Latina, Nicolás Maduro, ha sido apresado y el mayor suministrador de armamento al ejército ruso al comienzo de la guerra en Ucrania, Irán, es escenario de multitudinarias protestas apoyadas por la Casa Blanca.

El mandamiento lo aplicó al pie de la letra el propio presidente ruso, Vladímir Putin, al recibir las cartas credenciales de los embajadores durante una ceremonia en el Kremlin.

Putin, que tampoco aludió a ninguno de los problemas mundiales más en boga, habló de la aparición de "nuevos focos de tensión" y criticó "la ley del más fuerte" y el desprecio de la diplomacia y el derecho internacional.

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Estimó en "decenas" los países que sufren debido a las amenazas y ataques contra su soberanía nacional.

Con todo, nunca mencionó a su colega estadounidense, con el que conversó por última vez a finales de 2025 para acusar a Kiev de atacar una de sus residencias con drones.

Sea como sea, no es la primera vez que Putin intenta el mismo truco con un inquilino de la Casa Blanca. Según los documentos desclasificados recientemente por la Universidad George Washington, el líder ruso ya lo intentó con George W. Bush.

Durante las ocho conversaciones entre ambos mandatarios, Putin forjó una estrecha relación de confianza con Bush pese a sus discrepancias sobre conflictos internacionales, desarme nuclear o la política rusa en Chechenia.

Esa estrategia forjada en el KGB fue muy evidente cuando EE.UU. planeaba invadir Irak en marzo de 2003 y Putin le recordó que los cambios de régimen no están contemplados por la carta de Naciones Unidas ni por el derecho internacional.

Con todo, Putin aseguró: "Para mí son más importantes nuestras relaciones personales".

"Como puedes ver, me he abstenido de (hacer comentarios públicos negativos) sobre tu persona. Si la operación militar comienza, entonces tendré que comentarla, pero no haré comentarios que menoscaben nuestra relación personal", le dijo entonces, según los archivos desclasificados.

El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, también se anda con los pies de plomo, especialmente después de que su conversación con su colega estadounidense, Marco Rubio, provocara en octubre pasado un enfriamiento con la Casa Blanca.

Lavrov, apartado de las negociaciones con EE.UU., denunció esta semana las acciones de Washington contra Caracas y Teherán, que consideró parte de "una política de nuestros colegas estadounidenses para el desmantelamiento de todo el sistema que se creó durante largos años con su participación directa".

Sin mencionarlo, también criticó indirectamente las amenazas de Trump de imponer un 25 % de aranceles a los socios de Irán y puso en duda de que los estadounidenses sean unos socios "fiables".

Los altos funcionarios rusos únicamente aluden expresamente a Trump cuando hablan del arreglo pacífico en Ucrania o, en excepcionales ocasiones, de Groenlandia.

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, incluso rechazó de plano que lo ocurrido en Venezuela pueda repercutir negativamente en los esfuerzos de EE.UU. para lograr un acuerdo en Ucrania.

"Los esfuerzos de EE.UU. se corresponden con nuestros intereses", comentó el viernes.

Las noticias sobre una pronta reunión en el Kremlin entre Putin y los emisarios de la Casa Blanca, Steve Witkoff y Yared Kushner, también sirvieron para alabar la postura de Trump de abordar las "causas originales" del conflicto.

Más aún cuando Trump consideró no a Putin, sino al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, como el principal obstáculo para la paz.

En el caso de las aspiraciones estadounidense en Groenlandia, Moscú ha intentado no ponerse del lado de la Unión Europea, enemiga acérrima del Kremlin.

Con todo, ha tenido que reconocer que la isla ártica pertenece a Dinamarca y que la situación es "contradictoria", ya que Trump -según sus propias palabras, recordó Peskov- no reconoce el derecho internacional.

Con cada acontecimiento mundial ocurre lo mismo, el Kremlin se ocupa de marcar las pautas de la cobertura informativa de la prensa rusa, según el portal Meduza.

El mandamiento desde hace un año es alabar a Trump en contraste con su antecesor, Joe Biden, al que Moscú responsabiliza del rearme de Kiev.

Como en los tiempos de los comisarios políticos soviéticos, el control de la información es fundamental para que el jefe del Kremlin salga siempre bien parado.

Putin debe figurar siempre como el gran defensor de la estabilidad internacional y de un orden mundial más justo, y nunca como un líder débil, al que Trump le ha ganado la partida tanto en Venezuela como en Irán.