Personas con discapacidad como Ibtisam Baraka, que confiesa sentirse más vulnerable que nunca, urgen soluciones para repuestos, accesibilidad y reconstrucción en una región devastada.
La obstrucción de Israel a la entrada de bienes, incluso durante el alto el fuego, hace que todavía sean muy escasos los repuestos y accesorios médicos que necesitan las personas con discapacidad en una Franja donde, durante la guerra, diez niños perdían una o ambas piernas cada día.
Ramzi al Fajam, de 49 años, trabaja desde 1997 en el taller de dispositivos de asistencia de la Media Luna Roja Palestina, ubicado en la localidad sureña gazatí de Jan Yunis, uno de los centros más destacados y uno de los pocos que ofrece ahora servicios esenciales a quienes tienen una discapacidad.
Sin embargo, está al borde del cierre debido a la escasez de materias primas, repuestos y herramientas para reparar sus sillas de ruedas, en paralelo al aumento sin precedentes en el número de personas con amputaciones.
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"Hemos empezado a reciclar sillas de ruedas", dice Fajam a EFE. "Usamos una silla rota para arreglar otra, solo para ayudar a alguien que lo necesita. Es una solución temporal e insuficiente, pero es la única opción que tenemos", añade.
Este padre de seis hijos insta a los actores internacionales y gubernamentales a tomar medidas serias y presionar a Israel para que permita la entrada a Gaza de los repuestos y el material técnico que necesitan.
"Lo único que queremos es una vida digna y que se reconozcan los derechos y las necesidades de las personas con discapacidad en Gaza", dice Ramzi. Él mismo vive con una discapacidad y tiene que caminar ayudado por muletas.
En agosto de 2025, Ibrahim Jraishi, observador permanente del Estado de Palestina ante la ONU, afirmó que desde el inicio de la guerra en la Franja de Gaza el porcentaje de personas con discapacidad había aumentado como resultado "del uso excesivo y premeditado de la fuerza por parte de las fuerzas de ocupación israelíes, incluido el bombardeo arbitrario de zonas civiles".
Y estimó en al menos 4.800 las amputaciones, de las cuales el 76 % afectaron a los miembros superiores y el 24 % a los inferiores. Cada día, diez niños perdían una o ambas piernas, detalló Jraishi, lo que convirtió a Gaza en el lugar del mundo con más niños amputados de la historia moderna, según organizaciones de derechos humanos.
Ibtisam Baraka, palestina de 50 años que ha vivido con una discapacidad física y parálisis parcial desde la infancia debido a la polio, relata a EFE en el taller de Ramzi cómo su vida depende de una silla de ruedas que maniobra para subir y bajar escaleras, lo que provoca frecuentes averías.
"Siempre recurro a Ramzi para que arregle la silla, porque no hay otro taller", dice esta madre de siete hijos. "En cuanto se rompe una pieza, me pongo en contacto con él".
Ibtisam señala que la destrucción generalizada de Gaza ha empeorado drásticamente su situación, con caminos sin pavimentar y refugios en escuelas que carecen incluso de los estándares de accesibilidad más básicos; además de la falta de repuestos y de sillas eléctricas.
"Me caí de la silla de ruedas más de una vez y lloraba sin parar. Por primera vez en mi vida, sentí realmente el peso de mi discapacidad", lamenta Baraka, quien urge a que se abran los pasos fronterizos y que comiencen las tareas de reconstrucción.
Nunca antes, relata, se había sentido vulnerable. "Salía y subía y bajaba con mucha facilidad y podía ir a mi trabajo. Ahora, en esta situación de guerra, sí que me siento discapacitada, y no hay terrenos, lugares o casas adecuadas para mi".
Esta previsto que Israel (tras hallar el cuerpo del último rehén ayer lunes) reabra en los próximos días el cruce de Rafah, que conecta Gaza con Egipto, pese a que se esperaba su apertura en la fase inicial del alto el fuego. Sin embargo, por el momento ha dicho que solo va a permitir el paso de personas (entre ellos enfermos que saldrán a Egipto) y no de mercancías.
"Quiero que haya más sillas de ruedas como ésta, semi-deportivas, que avance la reconstrucción, que haya caminos asfaltados y sillas de ruedas eléctricas. Yo tenía una, pero la perdí entre los escombros", recuerda Ibtisam.
