Al Sharaa cumple un año al frente de Siria, un país de vuelta en el tablero mundial

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Beirut, 29 ene (EFE).- El presidente sirio, Ahmed al Sharaa, cumple este jueves un año en el poder, un periodo que ha dedicado a restablecer las relaciones con la comunidad internacional rotas bajo el anterior régimen y a borrar las huellas de su pasado como líder islamista.

Ayer mismo, era recibido en Moscú por el presidente ruso, Vladímir Putin, aliado clave de su archienemigo Bachar al Asad, mientras que un día antes atendía una llamada telefónica de Donald Trump, quien se volvió a deshacer en halagos hacia un hombre por el que un día ofreció una recompensa de diez millones de dólares.

Al Sharaa se convirtió en el hombre fuerte de Siria inmediatamente después de que grupos opositores encabezados por su alianza islamista, el Organismo de Liberación del Levante, derrocaran a Al Asad a finales de 2024, pero no fue nombrado oficialmente como máximo mandatario hasta el 29 de enero de 2025.

Llegó a la presidencia con un currículum que ha arqueado las cejas de muchos, pues a partir de 2003 trabajó con la red terrorista Al Qaeda en Irak y posteriormente fundó la filial siria del grupo a petición de Abu Bakr al Bagdadi, quien se convertiría en el primer 'califa' de la formación yihadista Estado islámico (EI).

En los últimos 14 meses, Al Sharaa ha apuntalado un lavado de imagen que ya había comenzado unos años antes, pero que no había convencido a nadie hasta el mismo momento de la caída de Al Asad.

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Hasta entonces, su alianza islamista mantenía una administración paralela en el último bastión opositor en el noroeste de Siria, empobrecido, aislado y donde las agencias de la ONU que ayudaban en la zona evitaban a toda costa reconocer públicamente su coordinación forzada con las autoridades del ahora presidente.

En un giro de 180 grados en tiempo récord, el líder debutaba el pasado septiembre en la Asamblea General de Naciones Unidas. Dos meses más tarde, se convertía en el primer presidente sirio en pisar la Casa Blanca desde que el país árabe obtuviera su independencia en 1946.

Durante su primer año en el puesto, Al Sharaa no solo ha roto el aislamiento político cosechado por Al Asad, sobre todo con su brutal represión de las revueltas de 2011, sino que se ha ganado los favores de Trump hasta el punto de que Washington ha abandonado por él a otros aliados de larga data en Siria.

Este mismo mes, el "estratega", como le han llamado algunos, decidió lanzar una ofensiva contra la alianza armada liderada por kurdos Fuerzas de Siria Democrática (FSD), poniéndola contra las cuerdas para que accediera a entregar los últimos territorios que escapaban al control de Damasco.

La arriesgada jugada podría haber levantado ampollas con Estados Unidos, socio clave de las FSD en la lucha contra el EI, pero Al Sharaa parece haber calculado bien.

"Tuve una excelente conversación con el muy respetado presidente de Siria, y todo lo relacionado con Siria y esa región está funcionando muy, muy bien. Estamos muy contentos con ello”, declaraba Trump este martes.

Una semana antes, su enviado especial para Siria, Thomas Barrack, aseguraba que ya no hay razón para que los kurdosirios lideren la lucha contra el Estado Islámico y defendía que el Gobierno de Al Sharaa se ha convertido en el nuevo socio natural de Estados Unidos en este ámbito.

Pero la apuesta de Washington por el antiguo comandante islamista trajo consigo otras decisiones aún más importantes, pues levantaron una gran piedra en el camino hacia la recuperación económica de Siria y animaron a otros actores internacionales a tomar medidas similares, entre ellos la Unión Europea (UE).

Trump anunció un levantamiento de sanciones tras mantener el primer encuentro con su homólogo sirio en mayo en Arabia Saudí, mientras que el mes pasado el Congreso de Estados Unidos derogó también la Ley César de 2019, con duros castigos económicos en respuesta a los crímenes del anterior régimen.

Con más del 90 % de la población en la pobreza y más de la mitad de ella en la pobreza extrema, la principal tarea del presidente sirio es reavivar la economía tras casi 14 años de guerra y echar a rodar el proceso de reconstrucción del país.

Con el alivio de sanciones llegaron los foros de inversión y los anuncios de memorandos de entendimiento para proyectos de todo tipo, especialmente con países de la región, pero por ahora las condiciones de vida de los sirios apenas han registrado mejoras sustanciales.

Para ello, a Al Sharaa le quedan por delante otros cuatro años, de una transición acotada en un lustro.