Una treintena de ellas se podrán ver excepcionalmente, durante tan solo una semana (del 1 al 8 de febrero), desplegadas de la forma más cercana a su intención original -la de crear un camino que impresionara a los invitados de la corte, especialmente a los embajadores extranjeros- en la nave del Grand Palais de la capital francesa.
Allí estarán, además, acompañadas por la colección de tapices denominada 'La Historia del Rey' (1665-1681), que tampoco han sido mostrados en su conjunto desde 1976.
Ubicados a los flancos de las alfombras, esta docena de tapices buscarán recrear en el Grand Palais -un recinto de finales del siglo XIX, ubicado junto al Sena y conocido sobre todo por la inmensa cristalera de su techo- la impresión de discurrir por una auténtica galería real.
"Cuando llegabas al final sabrías que estabas absolutamente ante el rey más poderoso del mundo", explicó este sábado, durante la presentación a la prensa de esta iniciativa, Wolf Burchard, conservador del departamento de esculturas y artes decorativas europeas del Met de Nueva York y uno de los comisarios del proyecto.
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Es lo más cerca que estas piezas, tejidas entre 1668 y 1688 y que sumaban unos 4.000 metros cuadrados de superficie en total, han estado jamás de cumplir su función original, ya que Luis XIV abandonó el proyecto de instalarlas en la Gran Galería del Louvre para la que fueron concebidas, un espacio de unos 442 metros de largo.
"Somos los primeros en ver este proyecto como el rey lo había imaginado", subrayó por su parte Hervé Lemoine, presidente de Manufacturas Nacionales, la institución pública que custodia estas y otras piezas históricas del patrimonio francés.
Las alfombras fueron encargadas por el poderoso primer ministro de Luis XIV, Jean-Baptiste Colbert, a la Manufacture de la Savonnerie, y eran un proyecto para fomentar también la excelencia en los oficios de la artesanía y la manufactura francesa, en lugar de tener que encargar costosas obras en el extranjero.
Era una proeza artística y técnica jamás vista y los motivos, que en cada alfombra subrayan el poder del rey de Francia, fueron encargados a Charles Le Brun, el primer pintor de la corte.
Pero a la muerte de Colbert, Luis XIV empezó a poner su mirada en Versalles, un palacio más retirado, y las alfombras nunca fueron instaladas en el Louvre.
Su destino se movió entre el olvido, los estragos de la Revolución, la venta de parte de ellas, dispersiones y destrucciones, hasta que Napoleón se interesó por ellas.
Así, en la época del primer imperio y de la restauración, el Estado francés logró recomprar algo más de una treintena.
La última recuperación data de 2024, cuando Mobiliario Nacional adquirió un gran fragmento de la alfombra número 50.
En total, las colecciones públicas galas albergan 41 de las 92 alfombras originales del Rey Sol, aunque solo 33 de ellas están completas.
Además de suponer una oportunidad inédita de admirarlas, los responsables de esta iniciativa apuntaron que este proyecto busca también poner en valor los oficios tradicionales, como los de la alfombrería y la tapicería, en un paralelismo con lo que ya hiciera Colbert en sus días.
Por eso, junto a la exhibición también se organizarán durante la semana en el Grand Palais talleres para los niños relacionados con los oficios tradicionales.
"Es una historia, la de los oficios, que prosigue hasta hoy", razonó el presidente de Manufacturas Nacionales.
