Engeland se expresó así a través de un comunicado en el que su organización denunció el bloqueo humanitario "casi total" que sufre la región tras un año de hambruna y bombardeos, en un contexto de "intensos combates" que han convertido a Kordofán del Sur en "el epicentro de la guerra" que disputan el Ejército de Sudán y los paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) desde abril de 2023.
El secretario general del NRC aseguró que, durante su última visita al estado, pudo comprobar como "el reloj sigue corriendo hacia nuevas atrocidades generalizadas" mientras "el mundo vuelve a fallar a los civiles de Sudán".
Denunció que el hambre y los ataques indiscriminados contra la población civil están obligando a "miles de personas" a huir hacia a las montañas de Nuba, "una región aislada y empobrecida desde hace mucho tiempo" dentro de Kordofán del Sur, o a estados próximos como Al Qadarif o Nilo Blanco, al sureste del país.
"Los viajes duran días o semanas y están marcados por el hambre, los robos, la intimidación y los abusos", remarcaron desde el NRC.
La organización afirmó que los grupos de ayuda en Sudán "son pocos, están sobrecargados y carecen de fondos" lo que conduce a que estas familias desplazadas acaben por encontrarse "refugios superpoblados" en los que tienen que dormir en el suelo y sin apenas artículos de primera necesidad.
De entre todos los afectados, los niños son uno de los grupos más vulnerables y están necesitados de "apoyo psicosocial, educación y ayuda económica" urgente, aseguró el NRC.
Egeland criticó la escasa presencia de agencias internacionales y las restricciones de acceso en el territorio sudanés que impiden la entrega de ayuda humanitaria.
"Los equipos de respuesta locales están aguantando bajo una presión extrema", recordó, las organizaciones sudanesas gestionan comedores comunitarios, evacuan familias y entregan ayuda "bajo fuego enemigo", según Egeland "están haciendo todo lo posible, pero debemos ayudarles más".
Desde su organización reivindican que "el pueblo de Kordofán no se ha rendido" y que aún es posible actuar si las partes del conflicto desbloquean el acceso de la ayuda y la comunidad internacional adquiere un "compromiso efectivo" para frenar la violencia y aumentar la financiación a los equipos de respuesta.
Para el secretario general del NRC este "es un momento crítico" y "la historia nos juzgará si abandonamos de nuevo a los civiles en Sudán para que se enfrenten a una violencia y a unas privaciones sin fin".
El pasado 26 de octubre la entrada de las FAR en la ciudad de Al Fasher, capital del estado de Darfur del Norte, se saldó con la muerte de cientos de personas, decenas de miles de desplazados y desaparecidos, además de un largo recuento de crímenes de guerra denunciados por organizaciones de derechos humanos y por el propio Gobierno sudanés, controlado por la junta militar que gobierna el país.
