Ultraconservadores europeos y latinos estrechan lazos en Bruselas y reivindican "libertad"

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Bruselas, 3 ene (EFE).- Representantes del movimiento ultraconservador y de extrema derecha de una treintena de países europeos y latinoamericanos estrecharon lazos este martes en una conferencia en Bruselas en la que se reivindicaron como garantes de la libertad de expresión y advirtieron contra las leyes digitales europeas o el "lobby LGTB".

El presidente electo de Chile, José Antonio Kast; la presidenta del Tribunal Constitucional de Perú, el ministro paraguayo de Exteriores y un excanciller brasileño se unieron en la jornada a eurodiputados y dirigentes de la ultraderecha europea, entre ellos el líder de Vox, Santiago Abascal, el exprimer ministro de Polonia Mateusz Morawiecki o políticos cercanos al primer ministro húngaro Viktor Orbán.

Bajo el lema "Libertad de expresión frente al discurso regulado: reforzar los pilares de la democracia", la VII Cumbre Transatlántica fue organizada por la Political Network for Values -organización que el propio Kast presidió entre 2022 y 2024- y auspiciada por dos fuerzas del Parlamento Europeo, la ultraderecha de los Patriotas por Europa y los Conservadores y Reformistas Europeos.

En ella no participó, sin embargo, ningún representante de la Agrupación Nacional francesa o de Alternativa por Alemania, dos de los partidos de la ultraderecha europea que más distancia han marcado con la administración estadounidense ante sus intenciones de hacerse con Groenlandia.

Durante la jornada se criticó la normativa digital europea, la Ley de Servicios Digitales (DSA), como "una de las amenazas más peligrosas a la libertad de expresión en todo el mundo"; Nicolás Mayoraz, diputado del partido del presidente argentino, Javier Milei, se refirió a ella como un "edicto de tolerancia" que hace que la libertad dependa "del gobierno de turno o los burócratas permanentes".

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"Estamos experimentando los frutos de una cultura dominada por los -ismos: el ambientalismo, el animalismo radical, el feminismo ideológico, el indigenismo radical", lamentó Kast en su discurso de cierre de la conferencia, en el que animó a la ultraderecha europea y latinoamericana a "participar, influir y ganar espacios" con unas ideas que -aseguró- "se defienden solas".

Abascal, por su parte, denunció el "veto" de las posiciones de Vox en medios y tertulias pero afirmó que, pese a la "ridiculización y silenciamiento", la "grieta en el muro cada vez es más grande".

"Son cada vez más millones de personas las que se informan por redes y por eso están intentando cancelar ese espacio de libertad de expresión", incidió el español, en una crítica de las normas digitales comunitarias que compartieron ponentes de diferentes centros de pensamiento de corte conservador.

La doctrina del presidente estadounidense, Donald Trump, estuvo también presente a través de la Heritage Foundation, uno de los centros de pensamiento más vinculados al republicano y cuyo vicepresidente, Jay Richards, animó a los presentes a "estar dispuestos a sacrificar sus modos de vida y reputación en busca de la verdad".

"El estadounidense medio que ve violada su libertad de expresión no corre el riesgo de ser asesinado. La realidad es que experimentaremos un 'martirio blanco', no se nos pedirá sacrificar nuestra vida, sino nuestra reputación o posición en la sociedad", aseguró Richards, que puso como ejemplo a los "científicos que disintieron de la línea oficial" durante la pandemia.

Además de con Abascal, España estuvo representada por la presidenta de Abogados Cristianos, Polonia Castellanos, que citó a Juana de Arco y aseguró que en España existe la libertad de expresión para "atacar a los cristianos, reírse de Jesucristo o tapar la corrupción", pero no para "ser heterosexual o rezar el rosario.

"La persecución no nos destruye sino que nos forja, nos hace más fuertes", aseguró Castellanos, que se mostró convencida de que en España hay un "pacto no escrito" en la judicatura para rechazar el trámite de los casos que presenta su asociación.

El uso de una sala de la Eurocámara para la celebración de esta jornada provocó la queja de una treintena de eurodiputados progresistas, que pidieron sin éxito a la presidenta de la institución, Roberta Metsola, que vetase el acto en sede parlamentaria.