Así lo informó el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Baghaei, quien aseguró que “esta iniciativa diplomática se lleva a cabo con autoridad y con el objetivo de alcanzar un acuerdo justo, mutuamente aceptable y honorable sobre la cuestión nuclear”.
Baghaei afirmó que Teherán recuerda “experiencias amargas” del pasado en sus tratos con Estados Unidos, como la guerra de los 12 días iniciada por Israel en junio y en la que participó Washington con el bombardeo de instalaciones nucleares iraníes.
“Al mismo tiempo, tenemos la responsabilidad de no dejar pasar ninguna oportunidad diplomática para garantizar los intereses de la nación iraní y salvaguardar la paz y la tranquilidad en la región”, dijo en X.
El encuentro está previsto a las 10.00 hora omaní (06.00 GMT) en Mascate y reunirá Araqchí con el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff.
Las negociaciones se celebran bajo las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, de intervenir militarmente en el país persa para lo que ha desplegado el portaaviones USS Abraham Lincoln y su grupo de combate -formado por tres destructores lanzamisiles- cerca de aguas iraníes en el golfo Pérsico.
Estados Unidos busca incluir en la agenda, además del programa nuclear iraní, la limitación de sus misiles balísticos y hablar de su apoyo a los grupos regionales de Hamás, Hizbulá y los hutíes del Yemen, mientras Teherán quiere negociar exclusivamente la limitación de su programa nuclear.
Los dos países mantuvieron conversaciones el año pasado en Mascate, con Omán como intermediario, pero llegaron a su fin tras el inicio de la guerra entre Irán e Israel en junio.
Estas negociaciones se producen en uno de los momentos más bajos de la República Islámica tras vivir en enero las protestas más violentas desde su fundación en 1979, en medio de una una grave crisis económica, un fuerte descontento de la población, su peor sequía en décadas y carencias de electrizad y gas.
Las protestas comenzaron en diciembre por la caída del rial, pero pronto se extendieron por el país pidiendo el fin de la República Islámica y llegaron a su fin en una represión en la que Teherán reconoce 3.117 muertos.
Pero organizaciones opositoras como HRANA, con sede en EE.UU., sitúan en 6.872, los fallecidos si bien continúa verificando más de 11.000 posibles muertes, así como 40.000 arrestos.
La relatora especial de la ONU para Irán, la japonesa Mai Sato, ha señalado a medios estadounidenses que informes de médicos dentro de Irán indicaban que podrían haberse registrado hasta 20.000 muertos por la represión, aunque según Naciones Unidas estas cifras siguen siendo difíciles de corroborar.
