Los versos que dan nombre a la muestra, 'Cierta tarde, la más bella de las tardes de mi vida', terminan con una coma, "una frase cortada que tiene que ver con una biografía cortada" y desde la cual la creadora abre el foco más allá de su autobiografía para extenderlo en el tiempo y dialogar con uno de sus temas centrales: la opresión norte-sur.
"Esta última pieza, la 'Memoria del agua (2026)', tiene mucho que ver con lo que estoy trabajando ahora, con nociones de hidrofeminismo, porque el agua es un archivo que contiene toda la memoria y toda la violencia, al ser un bien común que está en el planeta desde el principio de los tiempos", explica Bettini a EFE durante una visita a la muestra.
Esta exposición, que tiene 43 obras, recorre su trayectoria siempre abierta al mundo, una obra que traslada la genealogía de la violencia encarnada hasta el paisaje, la histórica relación extractivista con la naturaleza y las políticas del olvido hacia las formas de vida que, no obstante, perseveran en su existencia.
"Todo esto se agudiza mucho en un momento tan violento como el presente, en el que este despojo de tierras es vigente. Por ejemplo en Argentina con la ley de glaciares que borra su protección, o la minería en el lecho marino que tanto represento en mi obra", señala Bettini, quien reconoce que todas esas noticias "entran con mucha fuerza" en su proceso creativo y de selección de obras.
Esta muestra, dividida en cuatro áreas que dialogan entre sí, es también su primera monográfica en un museo público, el centro de arte contemporáneo de Salamanca.
Para la artista es muy importante la belleza, que sirva como gancho, y las personas se puedan acercar a sus trabajos sin que haya una dificultad muy grande, pero también busca que se genere una segunda lectura en la que se entiendan las preguntas que está haciendo.
"Hay algunas obras que hablan de políticas de borrado, de privatización de lo común; hay otras que son quizás más recientes en las que vuelvo a acudir a la pintura y al dibujo como para hacer estrategias de resistencia y disimulo", describe Bettini.
La artista viene de una familia que se exilió en España durante la dictadura argentina (1976-1983) como consecuencia de varias desapariciones, entre ellas la de su abuelo, algo que desde joven le hizo entender "las dinámicas de poder norte-sur".
En todas las obras, la representación artística se evidencia como una argucia, cómplice y herramienta de borrado, pero Bettini se alía con la pintura de manera crítica para proponer revertir esa función mostrando su mecanismo.
La comisaria de la muestra, María Íñigo, recuerda que la historia inacabada del abuelo de la artista habla de algo más amplio que se encuentra en muchos contextos latinoamericanos: un trauma colectivo.
