“La continuación de algunas sanciones y ciertos movimientos en el ámbito militar naturalmente genera dudas sobre el nivel de seriedad y preparación de la contraparte. Estamos observando y evaluando todas estas señales”, afirmó en una rueda de prensa el ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, un día después de expresar su esperanza por continuar las conversaciones “pronto”, según informó la agencia IRNA.
Araqchí reiteró que, si Washington elige la vía diplomática y muestra señales claras de seriedad, las negociaciones seguirán su curso, pero, de lo contrario, Irán tomará las decisiones que considere necesarias para proteger sus intereses nacionales.
Estas afirmaciones se dan después de que el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, y el yerno del presidente estadounidense Donald Trump, Jared Kushner, visitaran el sábado el portaaviones USS Abraham Lincoln cerca de las aguas iraníes, lo que se entendió como una amenaza.
Además, poco después de las negociaciones del viernes, Trump firmó una orden ejecutiva que establece un arancel adicional del 25 % sobre productos de países que compren, importen o adquieran bienes o servicios de Irán.
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Asimismo, Washington anunció en paralelo nuevas sanciones contra 14 buques de la llamada flota “fantasma” iraní, 15 entidades —con sede en India o Turquía, entre otras— y dos personas asociadas con la comercialización de crudo y productos petroquímicos iraníes.
Estas medidas fueron anunciadas poco después de las negociaciones nucleares indirectas que mantuvieron Irán y EE. UU. el viernes, bajo mediación omaní en Mascate.
El ministro iraní explicó además que la primera sesión de negociación fue más un “ensayo” para medir la seriedad y disposición de las partes para alcanzar una solución negociada al programa nuclear iraní, lo que dijo que es el único tema en discusión, dejando fuera de la mesa la cuestión de los misiles balísticos y el apoyo de Teherán a grupos regionales antiisraelíes como Hizbulá, Hamás y los hutíes de Yemen.
Araqchí defendió una vez más el derecho “indiscutible” de su país al enriquecimiento de uranio con fines pacíficos como una cuestión fundamental de su soberanía, al que aseguró que no renunciará.
“El éxito de cualquier negociación depende de reconocer este principio”, sostuvo el jefe negociador iraní, rechazando la demanda de cero enriquecimiento de Estados Unidos.
Las nuevas negociaciones entre Teherán y Washington se producen en uno de los momentos más bajos de la República Islámica, tras las protestas más violentas desde su fundación en 1979, ocurridas en enero, y después de las amenazas del presidente estadounidense de intervenir militarmente en Irán si no se alcanzaba un acuerdo o si continuaba la represión letal de los manifestantes.
