En el barrio de Bustán de este distrito, el Ayuntamiento de Jerusalén (gobernado por formaciones nacionalistas israelíes) distribuyó a finales de enero órdenes de demolición a una veintena de infraestructuras, asegurando que están construidas sin los permisos del consistorio, que pretende levantar allí un parque y un aparcamiento.
"Aquí estaría mi cama", dice a EFE el presidente del comité de defensa de Silwan, Fajri Abu Diad, mientras señala un coche blanco dibujado en los planos municipales de construcción.
"Aquí habrá aparcado un coche cuando demuelan esta caravana", añade, refiriéndose a la improvisada caseta instalada junto a los escombros de su vivienda, demolida en febrero de 2024
Desde el 7 de octubre de 2023, el Ayuntamiento de Jerusalén ha demolido 37 viviendas en Bustán, una de ellas la casa en la que Abu Diad nació.
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"Nací en esta casa en 1962, hace 64 años. No hacían falta permisos (de construcción) antes de la ocupación", relata.
Este martes, el Ayuntamiento envió cuatro excavadoras y un enorme despliegue policial para comenzar el trabajo y tumbar un almacén al sur de Bustán. La Media Luna Roja atendió al menos a cuatro palestinos que recibieron palizas de la policía.
Silwan forma parte de Jerusalén Este, la parte palestina de la ciudad que Israel ocupó en 1967 y se anexionó en 1980.
A escasos metros de la parcela de Abu Diad también espera la demolición Ahmad Abu Rajab, de 42 años. Reside con sus hermanas en casa de su madre, ya que la suya fue demolida hace cinco años.
"Mi madre tiene 85 años", explica, mientras la anciana yace enferma en una habitación contigua. "Hace 85 años ni siquiera había judíos en esta zona, sólo había árabes".
Unos metros más arriba de su casa, en el balcón de la familia de colonos que tiene por vecinos, ondea una bandera de Israel.
La familia de Ahmad ha recibido a lo largo de los años cuatro órdenes de demolición como la que ahora muestra a EFE, que en otros casos se han solucionado pagando multas desorbitadas.
Son además los residentes quienes pagan por la demolición de su propia casa. Fajri Abu Diad recuerda cómo desembolsó 43.000 séqueles (unos 12.000 euros) por la suya: "Hasta pagué los sándwiches que se comieron los policías".
A apenas cien metros de Bustán trepa por la ladera el barrio de Batan Al Hawa, donde 87 familias (más de 700 personas) son susceptibles de ser desahuciadas por las autoridades israelíes y llevan recibiendo órdenes de desalojo desde 2015.
El Tribunal Supremo de Israel mantiene 32 órdenes de desahucio en el barrio, explica el director de su comité, Zuhair Rajabi.
"Lo que está pasando en Silwan es desplazamiento forzoso", lamenta. "Les desplazaron en el 48, les desplazaron en el 67 y los vuelven a desplazar en 2026".
Al salir al encuentro de EFE entre su casa y el centro cultural local, una familia de colonos israelíes pasa por la calle seguida por un hombre vestido completamente de negro, que Rajabi señala como su escolta.
"Hay 32 familias de colonos en el barrio, nos hacen la vida difícil", comenta.
Mientras en Bustán es el Ayuntamiento de Jerusalén el que, valiéndose de los permisos de construcción, fuerza el desplazamiento de la población palestina, en Batan al Hawa el proceso corre a cargo de una organización nacionalista judía, Ateret Cohanim.
"Operan mano a mano con el Gobierno: recibiendo financiación, colaboran con la policía, los legisladores...", detalla a EFE Aviv Tatarsky, investigador de la ONG israelí Ir Amim, que documenta la ocupación de Jerusalén Este.
Activistas de Ateret Cohanim gestionan desde 2001 (por decisión de una entidad gubernamental) el fideicomiso judío de Benvenisti, que desde finales del siglo XIX tenía en propiedad terrenos donde se asienta el barrio, que pasaron a manos de la Administración jordana en 1948.
A través del fideicomiso, Ateret Cohanim aprovecha las leyes israelíes, que permiten a los propietarios judíos (pero no a los palestinos) reclamar sus propiedades antes del 48 para reclamar parcelas de Batan Al Hawa.
En la terraza del centro cultural de Batan Al Hawa, desde el que se aprecia todo el barrio y, no muy lejos, la Mezquita de Al Aqsa y la Ciudad Vieja de Jerusalén, Al Rajabi reflexiona: "Quieren mover a los jerosolimitanos de dentro de Jerusalén a Cisjordania, más allá del muro".
