Los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete comenzaron hoy su encuentro en un recinto fortificado medieval del siglo XI, un escenario elegido por la presidencia del Consejo Europeo para buscar respuestas a las múltiples crisis que afectan a la UE, desde el encarecimiento del coste de la vida al distanciamiento con Washington, pasando por el declive de la industria europea.
"Hemos convocado este retiro para discutir sobre competitividad y sobre la necesidad de reforzar el crecimiento económico en Europa", dijo a su llegada a la cumbre informal el presidente del Consejo Europeo, António Costa.
El presidente francés, Emmanuel Macron, urgió por su parte a los líderes a tomar decisiones concretas "a muy corto plazo", y apuntó en particular al próximo junio, mientras que el canciller alemán, Friedrich Merz, confió en que hoy "se dé un paso adelante" con vistas a "tomar decisiones en el próximo Consejo Europeo regular", previsto dentro de un mes en Bruselas.
Macron citó como vías de actuación con potencial de consenso en la UE la simplificación normativa, la profundización del mercado único, las cuestiones energéticas y la financiación, en línea con lo planteado también por Costa.
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En este contexto, señaló el "muy sólido" acuerdo franco-alemán para avanzar en la unificación de los mercados de capitales, que consideró "muy importante" para impulsar la inversión en la UE.
El líder francés destacó la sensación de urgencia compartida en la UE frente a "la intensa competencia, a veces desleal, con una fuerte presión de China, con los aranceles impuestos por los estadounidenses y las amenazas de prácticas coercitivas".
Merz señaló en la misma línea que la idea es "hacer una UE mejor y más rápida y lograr tener una industria más competitiva", y destacó que él y Macron "están casi siempre de acuerdo" en cuestiones sobre competitividad y mercado común, tras celebrar un encuentro bilateral previo a la cumbre.
No obstante, entre París y Berlín existen diferencias en torno a una de las propuestas hoy sobre la mesa: el 'Made in Europe' o conceder prioridad a empresas europeas para licitaciones públicas para determinados sectores, una vía también defendida por el Ejecutivo comunitario aunque con matices.
Francia es el gran impulsor del debate, pero no es el único socio comunitario que defiende la prioridad a la industria europea y fuentes comunitarias ven cierta "convergencia" sobre la idea, que sin embargo todavía divide a los Estados miembros, con Alemania, Países Bajos, los nórdicos y los bálticos en contra de su aplicación generalizada.
Otras ideas que saldrán en las discusiones serán la puesta en marcha de una Europa a dos velocidades ante la falta de consenso entre los Veintisiete, una vía por la que también apuesta la Comisión Europea, especialmente para avanzar en la supervisión unificada de los mercados de capitales, así como el eterno debate sobre los "eurobonos".
Macron ha vuelto a defender recientemente el uso de un nuevo préstamo conjunto de los 27 Estados miembros, que financiaría inversiones estratégicas y permitiría a la UE "desafiar la hegemonía del dólar", medida a la que se oponen tradicionalmente Alemania y otros de los llamados países "frugales".
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, también se mostró favorable a plantear la emisión de eurobonos, y apostó al igual que Merz por avanzar en la "desregulación" y "simplificación", además de por continuar con la estrategia de la UE de alcanzar acuerdos de libre comercio con otras potencias.
Antes de la cumbre informal, una veintena de líderes mantuvieron un encuentro previo en un hotel próximo al castillo de Alden Biesen, impulsado por el alemán Friedrich Merz, la italiana Giorgia Meloni y el belga Bart de Wever, para coordinar sus posturas, una cita en la que no participó el presidente español, Pedro Sánchez.
