En un comunicado, el consejo calificó el ataque como "un crimen grave" y "una flagrante violación" de la soberanía de Irán y del derecho internacional y acusó a Washington y al gobierno israelí de actuar como "potencias agresivas que ignoran las leyes y los valores humanos".
El consejo expresó su "plena solidaridad con los líderes, el gobierno y el pueblo de Irán", y afirmó el derecho de Teherán a defender su soberanía y seguridad.
En ese sentido, exigió responsabilidad a Estados Unidos e Israel por las consecuencias de lo que calificó como una peligrosa escalada que amenaza la estabilidad regional.
Según la declaración, Irán está siendo atacado debido a" su postura de principios, su identidad islámica y su negativa a someterse a la hegemonía estadounidense y sionista", así como por su apoyo a la causa palestina y a los movimientos de resistencia que se oponen a la ocupación israelí.
El consejo afirmó que los ataques formaban parte de un proyecto más amplio entre Estados Unidos e Israel para dominar Oriente Medio y permitir que Israel expandiera su influencia.
Advirtió que la expansión de los ataques solo profundizaría la confrontación y fortalecería los movimientos de resistencia, y añadió que los pueblos de la región no aceptarían "ecuaciones hegemónicas impuestas por la fuerza".
La declaración instó a los gobiernos regionales a no tratar los ataques como acontecimientos distantes, advirtiendo que el silencio o la dependencia de la protección estadounidense serían una apuesta perdida que podría arrastrar a la región a una mayor agitación.
