“El jefe de Estado debería, sobre todo, revelar ciertos parámetros que deben ajustarse en función del contexto estratégico”, detalló esta semana el Ministerio de Defensa francés sobre este acto, que tendrá lugar en la base militar de L’île Longue.
El discurso que ofrecerá en ese lugar, situado en el extremo occidental de Bretaña (noroeste), marcará una línea de continuidad con el que dio en febrero de 2020, durante su primer mandato, pero incorporará modulaciones relativas a los grandes cambios en la escena internacional ocurridos desde entonces.
El más importante, según avanzaron fuentes del Elíseo a la prensa, es la evidencia de una “Rusia agresiva”, transcurridos ya cuatro años de la invasión a gran escala de Ucrania, y la amenaza que supone la capacidad nuclear de Moscú y sus planes de acelerar el desarrollo de nuevo equipamiento militar, como los misiles hipersónicos o los torpedos nucleares.
El Gobierno francés también contempla otros factores, como que China está incrementando su arsenal (Estados Unidos calcula que llegará a unas 1.000 cabezas nucleares para 2030), que Estados Unidos pide abiertamente que los europeos asuman su propia seguridad y que hay múltiples riesgos de descontrol de las reglas internacionales de no proliferación.
Los ejemplos más visibles de este último problema son Corea del Norte y, muy particularmente, el caso de Irán, especialmente en el contexto actual de máxima incertidumbre tras los recientes ataques de Estados Unidos e Israel y las consiguientes represalias de Teherán.
Otro elemento importante será de nuevo lo que se conoce como “la dimensión europea” de la disuasión nuclear francesa, es decir el hecho de que París considera que la seguridad europea forma parte de los intereses vitales de Francia y, como tal, la región debe recibir la cobertura de sus armas atómicas.
Es un elemento que ha existido desde que Francia se dotó de armas nucleares a comienzos de la década de 1960, durante la presidencia de Charles de Gaulle, pero Macron en 2020 le dio un contenido nuevo al mostrar disponibilidad para que los países interesados pudieran participar en sus maniobras.
Alemania mostró entonces interés por la propuesta, pero esa dimensión europea se ha concretado sobre todo con una fuerte cooperación con el otro país del Viejo Continente que también está dotado con armas nucleares, el Reino Unido.
En cualquier caso, la doctrina nuclear francesa excluye que otros países participen en la toma final de decisiones, ya que el uso de las armas atómicas es una decisión soberana francesa que corresponde al presidente de la República y sólo a él.
Francia cuenta oficialmente con algo menos de 300 cabezas nucleares, la mitad de las que tenía durante la Guerra Fría, lo que significa en torno a la quinta parte de las que podían acumular Rusia y Estados Unidos en virtud del acuerdo de control y supervisión New Start, cuya vigencia expiró a comienzos de febrero.
