“Su objetivo era permitir que el enemigo israelí dominara la región y eliminar el mayor obstáculo para ese objetivo: la República Islámica, con su sistema islámico y su orientación yihadista y revolucionaria que rechaza la hegemonía sionista”, declaró Al Hutí en un discurso televisado.
Según interpretó el líder rebelde, aliado estrecho de Irán, el asesinato de Jameneí, un clérigo de 86 años que dirigió Irán durante los últimos 37 años, quiere “quebrantar la voluntad del pueblo musulmán iraní y sus instituciones oficiales, quebrantar su moral y utilizar esto en nuevos esfuerzos para subyugar a los regímenes y gobiernos dóciles de la región, sometiéndolos al sionismo”.
“La criminalidad estadounidense-sionista no inmortalizará a la entidad (israelí)”, añadió Al Huthi, quien afirmó además que la eventual desaparición (del Estado de Israel) fue profetizada tanto en la Torá como en el Corán.
Sin embargo, a pesar de su vehemente retórica, Al Hutí no llegó a prometer represalias ni contra Israel ni contra los EE.UU, una omisión notable dado el historial de ataques contra los intereses estadounidenses e israelíes en la región y su participación en el conflicto de Gaza y de Líbano de los últimos años.
Los hutíes han lanzado misiles y drones hacia Israel y han atacado repetidamente buques comerciales en rutas marítimas clave, como el mar Rojo y el estrecho de Bab el Mandib, en apoyo a los palestinos de Gaza y al grupo chií libanés Hizbulá.
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Sin embargo, el grupo alcanzó un acuerdo hace casi un año con EE.UU. para detener sus ataques a la navegación después de una ofensiva de bombardeos impulsada por el presidente estadounidense, Donald Trump, y desde entonces se han quedado en un segundo plano.
