En particular, los negociadores de las instituciones cerraron un acuerdo sobre la revisión del Reglamento de la Organización Común de Mercados para los productos agrícolas.
El Parlamento Europeo dijo en un comunicado que el acuerdo alcanzado "reconoce el valor del trabajo de los agricultores y protege sus productos (...) contra la competencia desleal".
Entre otras ventajas, la nueva normativa implicará "precios justos para los productos agrícolas", normas más claras sobre etiquetado y publicidad.
El Consejo, por su parte, señaló que promoverá "cadenas de suministro más equilibradas y resilientes, incluyendo la generalización de los contratos escritos", que reforzará las organizaciones de productores y contribuirá a una mayor estabilidad de los ingresos de los agricultores, protegiendo además las denominaciones de la carne y de ciertos productos cárnicos para garantizar la transparencia para el consumidor y una competencia leal.
En particular, ayudará a que los precios finales de los alimentos reflejen múltiples factores, especialmente los costes reales de producción pagados por los agricultores, y que exista un impacto directo en sus ingredientes.
Los Estados miembros deberán establecer y publicar indicadores en línea que sirvan como puntos de referencia en los acuerdos contractuales.
Y estipularon criterios para el uso de los términos "justo" o "equitativo" en una etiqueta, que incluyen, por ejemplo, la contribución de un producto al desarrollo de las comunidades rurales y a la promoción de las organizaciones de agricultores.
Por último, los colegisladores acordaron medidas como contratos escritos obligatorios para apoyar los ingresos de los productores lácteos, teniendo en cuenta las difíciles condiciones que afronta el sector.
El Consejo y el Parlamento Europeo deberán aún formalizar el acuerdo provisional.
El texto introduce una definición de carne como "partes comestibles de los animales" y precisa que las denominaciones como "filete", "solomillo", costilla", "chuleta" "muslo", "pechuga" o "tocino", entre otras, deben reservarse a los productos que contengan carne y excluir a los cultivados en laboratorio.
El objetivo, indicó el Consejo, es "mejorar la transparencia en el mercado interior y permitir que los consumidores elijan con conocimiento de causa".
Los consumidores europeos, representados por BEUC, y los Verdes de la Eurocámara lamentaron que se haya impedido utilizar ciertos términos para los productos a base de plantas.
"Aunque las empresas aún pueden usar nombres comunes de carne procesada como hamburguesas y salchichas, la prohibición abarca nombres de animales como pollo, ternera y tocino, así como partes de animales como pechuga o muslo, y dos términos recientemente añadidos durante las últimas negociaciones: filete e hígado", indicaron los consumidores.
El director general de BEUC, Agustín Reyna, dijo que argumentar que estos nombres crean confusión entre los consumidores "es absurdo".
"Nuestros datos muestran que alrededor del 70 % de los consumidores está de acuerdo con estos nombres siempre que los productos estén claramente etiquetados como vegetarianos o veganos", señaló, y añadió que los consumidores quieren "comer más sano y necesitan opciones prácticas y asequibles".
"Estos nombres facilitan la integración de estas opciones en sus dietas, y las nuevas normas aumentarán la confusión y simplemente no son necesarias", consideró Reyna.
Por su parte, los Verdes se mostraron aliviados de que los conservadores de la Eurocámara no hayan logrado prohibir el término "hamburguesa vegetariana" pero lamentaron que otras palabras hayan quedado excluidas.
La eurodiputada de Volt, Anna Strolenberg, indicó que "es una pena" porque "Europa debería apoyar a los emprendedores innovadores, no ponerles nuevos obstáculos".
