La conservadora Takaichi, que ganó con una mayoría histórica las elecciones del pasado febrero, se enfrenta a uno de los primeros retos tras los comicios con el viaje a Estados Unidos, socio clave de Tokio en materia de seguridad en un momento de tensiones con Pekín a cuenta de Taiwán.
Si bien Japón indicó inicialmente que no tenía planes de enviar buques a Ormuz, la jefa del Gobierno aclaró horas antes de partir hacia Estados Unidos que la condición para que su gabinete comience a estudiar la posibilidad es que se establezca un alto el fuego en la guerra contra Irán.
Takaichi remarcó que no tomará medidas que violen la ley japonesa, y dijo que se encargará de "recordar" a Trump que la Constitución pacifista del archipiélago restringe el despliegue de efectivos de las Fuerzas de Autodefensa (el Ejército japonés) a la zona, teniendo en cuenta la situación actual en Oriente Medio.
En las últimas sesiones parlamentarias, la mandataria aseguró en reiteradas ocasiones que su Gobierno no había recibido una petición formal de Estados Unidos.
"Actualmente estamos estudiando cómo podemos proteger los buques vinculados a Japón y a sus tripulaciones dentro del marco de la legislación japonesa", afirmó esta semana.
Por su parte, el ministro de Defensa, Shijiro Koizumi, aseguró que, "en general" y según la ley japonesa, sería "posible" emitir una orden para que las Fuerzas de Autodefensa lleven a cabo una misión de seguridad marítima en la zona.
Mientras el Gobierno japonés estudia sus opciones, el periódico conservador Sankei pidió este martes a Takaichi que diga que sí a Trump, ya que asegurar el paso de mercancías a través de Ormuz es "esencial" para Japón, que importa alrededor de un 90 % de su crudo de Oriente Medio.
"Si se interrumpen las importaciones de petróleo crudo y se agotan las reservas, la supervivencia de Japón será incierta. No solo la actividad económica se verá afectada, sino que incluso la vida de sus ciudadanos se volverá insostenible", avisó en un editorial.
Otros, como el diario japonés Mainichi, apuntaron que la situación en Ormuz no supone una amenaza inminente para Japón, mientras que enviar buques a la zona podría ser legalmente complicado, especialmente por la falta de aval internacional de los ataques contra Irán.
"Esta es una situación que ellos mismos (Estados Unidos) se han buscado. Es ilógico que soliciten el envío de buques de guerra a otros países", valoró el periódico.
Más allá de la situación en Irán, que amenaza con acaparar la visita, Trump y Takaichi tienen pendiente discutir sobre los miles de millones de dólares en inversiones que Tokio se comprometió a realizar en Estados Unidos como parte del acuerdo comercial firmado por las potencias el verano pasado.
Un acuerdo que se firmó, no obstante, antes de la decisión del Supremo de EE. UU. de declarar inconstitucionales la mayoría de aranceles impuestos por Trump, y cuya reducción el dirigente republicano condicionó en muchos casos a inversiones millonarias en la primera potencia mundial.
Según avanzó este martes la agencia japonesa de noticias Kyodo, que cita a fuentes cercanas, los mandatarios podrían acordar un proyecto conjunto por valor de 100 millones de dólares en el sector de la construcción naval, que se han comprometido a revitalizar.
Ambos países también tienen interés en la exploración conjunta de tierras raras, minerales clave en industrias como la de defensa cuya producción China casi monopoliza.
Además, la mandataria japonesa podría pedir apoyo a Trump en sus tensiones con China, en medio de la disputa diplomática y económica que mantienen Tokio y Pekín a raíz de los comentarios de Takaichi del pasado noviembre sobre la posibilidad de que el archipiélago active a su Ejército en caso de ataque militar chino contra Taiwán.
El mandatario estadounidense tenía previsto realizar a finales de mes una visita a Pekín para reunirse con el presidente chino, Xi Jinping, aunque este lunes dijo que había solicitado a Pekín retrasar el viaje alrededor de un mes por la guerra contra Irán.
