"Desde octubre de 2025 y con el apoyo de la Armada estadounidense, el destructor Chokai ha sido sometido a modificaciones y su tripulación a entrenamiento. Se han completado con éxito y se ha confirmado la adquisición de la capacidad de lanzamiento de misiles Tomahawk", explicó en un comunicado el Ministerio de Defensa.
Para marcar la ocasión, este jueves se celebró una ceremonia conmemorativa en una base naval de la ciudad estadounidense de San Diego (California), donde se realizaron los trabajos de mejora del buque militar, con la participación de alrededor de 200 personas, informa la cadena de televisión japonesa NHK.
En los próximos meses, el destructor realizará pruebas de fuego real "para confirmar la capacidad de la tripulación para participar en misiones reales". Tokio avanzó que las pruebas se realizarán durante el verano.
La cartera ministerial argumentó que está reforzando sus capacidades de defensa a largo alcance para "interceptar y neutralizar fuerzas invasoras en una fase temprana y a distancia", y que los Tomahawk son un complemento mientras el país desarrolla misiles de fabricación nacional.
El ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, sostuvo en una rueda de prensa este viernes que este "refuerzo" es "indispensable para proteger la vida de los ciudadanos y su coexistencia pacífica", en un momento en el que el entorno de seguridad es el "más severo y complejo desde la posguerra".
No obstante, recalcó que estos misiles "solo se utilizarán en caso de sufrir un ataque armado, bajo el principio de fuerza mínima necesaria para la autodefensa" y, por tanto, "no representan, de ninguna manera, una amenaza para otras naciones".
La compra de los misiles estadounidenses se remonta a 2024, cuando Japón anunció la firma de un contrato para adquirir hasta 400 Tomahawks y equipos relacionados por 254.000 millones de yenes (unos 1.379 millones de euros actuales), con el fin de acelerar la implementación de su nueva estrategia de seguridad, que busca mejorar su poder disuasorio mediante la adquisición de "capacidades de contraataque".
Las autoridades japonesas se refieren así a un potencial ataque preventivo, alegando el actual contexto geopolítico, con el aumento de las actividades militares de China en la región y el desarrollo armamentístico de Corea del Norte.
