Aunque la fecha tentativa, anunciada por la aerolínea estadounidense la semana pasada, aún depende de permisos oficiales y planes de seguridad, una vez que comiencen, estos serían los primeros vuelos directos entre Venezuela y Estados Unidos en más de seis años.
Para una diáspora acostumbrada a medir el tiempo en cumpleaños, navidades y funerales perdidos, o presenciados mediante videollamadas, la noticia cayó como un bálsamo sobre la nostalgia y alimentó la esperanza de que "las cosas por fin mejoren en Venezuela" y que la vida de alrededor de un millón de venezolanos en Estados Unidos se suavice, al menos a la hora de ir a casa, según expresaron algunos de ellos a EFE.
Magaly García, venezolana radicada en Weston, ciudad dormitorio al norte de Miami apodada 'Westonzuela', resumió ese sentimiento con un deseo: "Quiero darle un abrazo a mi mamá en su cumpleaños".
En Doral, la ciudad con mayor proporción de venezolanos de EE.UU., Miguel Ángel Ruiz ve ahora más cerca la posibilidad de cumplir su sueño de ver a sus hijos disfrutar de las playas de su infancia.
"Esa noticia me emocionó tanto como cuando se llevaron a (Nicolás) Maduro", expresó en referencia a la operación de enero en la que militares estadounidenses trasladaron al gobernante chavista desde Caracas a una cárcel en Nueva York, donde lo están juzgando por narcotráfico y terrorismo.
American, una de las aerolíneas internacionales con mayor presencia en el mercado venezolano durante décadas, había suspendido sus vuelos al país suramericano en 2019, en medio de la prohibición impuesta entonces por la primera Administración de Donald Trump (2017-2021) a las empresas aéreas estadounidenses de operar hacia ese país, como parte de un paquete de sanciones contra el régimen chavista.
La autorización para volver llegó después de que el Departamento de Transporte, en el segundo mandato de Trump, aprobara en marzo la reanudación de los servicios a los aeropuertos de Maiquetía y Maracaibo por parte de American, y de que la Administración de Seguridad en el Transporte realizara inspecciones recientes en Caracas.
Entretanto, viajar de Estados Unidos a Venezuela se convirtió para miles de familias en un viacrucis, pues ya no bastaba con comprar un boleto, había que calcular escalas, revisar si el tránsito exigía visa, prever noches de hotel, y asumir cambios de último minuto porque había que entrar por terceros países, como Panamá, República Dominicana, y Colombia, o las islas de Aruba y Curazao.
Ese mapa volvió a romperse a finales de 2025, cuando varias aerolíneas suspendieron vuelos después de que la Administración Federal de Aviación (FAA) advirtiera sobre los riesgos para la seguridad en el espacio aéreo venezolano, en medio del aumento de la actividad militar.
Por ello, familias que ya tenían maletas listas cancelaron sus viajes navideños, perdieron conexiones y vieron cómo una visita planeada durante meses volvía a esfumarse.
Gran parte del tráfico se desplazó a Bogotá y luego a la frontera entre Colombia y Venezuela, especialmente por Cúcuta, con pasajeros obligados a rehacer sus itinerarios y a completar por tierra la última parte del trayecto.
Una vez que se reanuden los vuelos, que expertos en el sector consideran que podrían conectar al país suramericano con Miami y Nueva York, en un comienzo, la reapertura anunciada por American no elimina de golpe todas esas barreras.
Persisten, por ejemplo, los problemas de documentación, pues los consulados de Venezuela en territorio estadounidense aún no están funcionando, por lo que los trámites consulares, comenzando por obtener un pasaporte vigente, siguen siendo un obstáculo.
Para entrar al país, los nacidos en Venezuela deben presentar pasaporte venezolano, vigente o vencido, junto con la cédula, lo que crea un nudo burocrático que se ha vuelto especialmente duro para quienes llevan años fuera y no han podido renovar sus papeles.
