La embajada de Ucrania en España organizó en el Senado una jornada sobre el retorno de niños ucranianos secuestrados por el régimen ruso, con los testimonios de dos jóvenes víctimas que han logrado regresar a su país.
El acto contó con la Asesora y Comisionada del presidente de Ucrania para los Derechos del Niño y la Rehabilitación Infantil, Daria Herasymchuk, la embajadora de ucrania en España, Yuliia Sokolovska, y el presidente del Senado de España, Pedro Rollán.
Según Herasymchuk, más de 20.000 niños ucranianos han sido deportados y trasladados por la fuerza a Rusia y a los territorios ocupados desde que comenzó la invasión de Ucrania en febrero de 2022 y 700 han muerto por las acciones del Gobierno ruso.
"Siguen una política deliberada contra el pueblo ucraniano. Le cambian los nombres y la nacionalidad a los niños con el objetivo de rusificarles", aseguró.
En este contexto, Rollán expresó su apoyo y solidaridad a Ucrania, abogando por el fin de la invasión rusa y la vuelta a casa de los menores secuestrados.
"El día que los niños y niñas vuelvan a sus casas será una victoria de la justicia frente a la barbarie", añadió.
Iván Matkovsy e Iván Sarancha son los dos jóvenes que contaron este martes su historia.
"Los militares nos apuntaron con las armas cuando intentamos huir", cuenta Matkovsy, que residía con su familia en Mariúpol cuando estalló la guerra e intentó salir de la ciudad a pie con su hermano mayor.
Tuvo que buscar cobijo en el teatro de Mariúpol, que se convirtió en refugio antiaéreo antes de ser destruido por un ataque ruso que mató a las familias y niños que se resguardaban dentro.
"Vi cómo los rusos destruían mi ciudad natal", relata.
Fue trasladado a Donetsk, dende le decían que "tendría una nueva familia rusa y un pasaporte ruso". Allí consiguió contactar con su familia a través del teléfono que escondía.
Sarancha vivió una historia diferente. Nacido y criado en Lugansk, ciudad ucraniana en territorio ocupado, y con padres prorrusos, vivió la guerra en 2014 y luego en 2022 sintiendo que su vida estaba "permanentemente al límite y con el temor de que te lleven a los famosos sótanos".
Fue en un juego online donde comenzó a hablar con niños ucranianos y a escuchar otra versión del conflicto distinta a la que los rusos propagaban en su ciudad.
Decidió finalmente huir y ser acogido por los niños ucranianos con los que había mantenido contacto a través de internet.
Actualmente, ambos ya mayores de edad, recuerdan esta experiencia. "Fue muy difícil recuperarme después de todo lo que vi", explica Matkovsy.
Paralelamente, Sarancha confiesa: "No me arrepiento de nada, lo repetiría. Me he quedado sin ningún tipo de entorno familiar, pero estoy descubriendo lo que me gusta".
Por su parte, la embajadora Sokolovska instó a "difundir información sobre los crímenes contra los niños ucranianos para romper el silencio y que el genocidio no se convierta en una nueva norma en el mundo".
