"Con su retorno, Kenia da un paso más hacia la reintroducción de los bongos de montaña en sus hábitats naturales, donde deben estar", afirmó anoche en un comunicado el Servicio de Vida Silvestre de Kenia (KWS, en inglés), tras el aterrizaje de los animales en el Aeropuerto Internacional Jomo Kenyatta (JKIA) de Nairobi.
Los cuatro animales llegaron transportados en jaulas de madera en un vuelo de carga operado por la aerolínea neerlandesa KLM, desde el zoológico de Dvůr Králové, en el norte de la República Checa, donde habían estado bajo cuidados especializados como parte de un programa internacional de cría, según reportan medios locales.
Fueron recibidos en el aeropuerto por una delegación encabezada por los ministros kenianos de Asuntos Exteriores, Musalia Mudavadi, y de Turismo, Rebecca Miano, junto con el director general del KWS, Erustus Kanga, y la embajadora checa en Nairobi, Nicol Adamcova.
"Este hito demuestra lo que se puede lograr cuando países e instituciones trabajan juntos hacia un objetivo común de conservación", afirmó Mudavadi.
Miano destacó que "la conservación de la fauna silvestre requiere alianzas que unan al Gobierno, a las comunidades y a los actores del sector privado".
"Más del 70 % de los atractivos turísticos de Kenia giran en torno a la fauna silvestre, pero más del 65 % de ésta se encuentra fuera de las áreas protegidas, así que la colaboración es esencial", añadió.
Según confirmó este miércoles el KWS, los cuatro antílopes han sido ya trasladados a la Reserva de Fauna Silvestre del Monte Kenia (MKWC), la segunda montaña más alta de África, que ya alberga a 102 ejemplares de estos antílopes, en una incorporación que "desempeñará un papel importante en el fortalecimiento del patrimonio genético".
En la MKWC vivirán en semicautividad durante un tiempo y se integrarán de nuevo en un programa de cría, antes de ser liberados en sus hábitats forestales naturales.
La llegada se enmarca en el Plan Nacional de Recuperación y Acción para el Bongo de Montaña impulsado por el Gobierno keniano con colaboración internacional, que ha permitido el traslado en los últimos años de ejemplares de esta subespecie endémica a bosques del centro del país.
Estos antílopes robustos con altura similar a la de una persona adulta, cuernos afilados y llamativas líneas blancas desde su lomo hasta su vientre, eran abundantes hasta los años sesenta, pero la caza furtiva, las enfermedades y el deterioro de sus hábitats los empujaron al borde de la extinción.
