La Franja se encuentra dividida en dos sectores. Israel concentra sus tropas en el perímetro entre la línea amarilla (la marca imaginaria hasta la que se replegaron los soldados al comenzar la tregua) y -hacia el este- la frontera israelí, mientras que la población se hacina entre esta línea y el mar -al oeste-, en un espacio cada vez más reducido y aún gobernado por el grupo islamista Hamás.
A caballo entre ambas zonas, Israel profundiza su control de Gaza con otra línea, la naranja, que extiende un 11 % más el área en el que el tránsito (de las organizaciones humanitarias) debe coordinarse con las fuerzas armadas, explicaron a EFE fuentes humanitarias.
“La línea amarilla concentra a más de dos millones de personas en menos de la mitad del territorio de la Franja, exacerbando el hacinamiento insoportable que perjudica la salud pública, incluyendo brotes de enfermedades e infestaciones de ratas y otras plagas”, denuncia la ONG israelí Gisha.
Fuentes del COGAT, el brazo del Ejército israelí que administra asuntos civiles en los territorios ocupados, indicaron a EFE que las fronteras de la línea naranja no están determinadas, sino que son variables en función de las necesidades de las fuerzas armadas.
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Esto, sumado a la propia ambigüedad de la línea amarilla (la población gazatí denuncia que el Ejército ha movido los bloques con los que la señala para ganar terreno) ha permitido que Israel alcance el control de alrededor del 64 % de Gaza en los últimos 8 meses.
La mayoría de la población se concentra en las áreas de tres grandes ciudades: unos 688.300 en la Ciudad de Gaza (norte), 607.500 en Deir al Balah (centro) y 718.248 en Jan Yunis (sur), indicaron a EFE fuentes de la ONU.
También hay dos concentraciones de población reducidas en la Gobernación Norte de Gaza, con unas 92.800 personas; y en Rafah (sur), de apenas 11.300, siendo ambas áreas próximas a la zona militarizada israelí.
La población ha quedado arrinconada cerca de la costa, donde el 83 % de las estructuras están total o parcialmente destruidas, según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).
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“Nunca hay que perder de vista el hecho de que Israel, como potencia ocupante, está en control de toda Gaza y tiene obligaciones hacia la vida, dignidad y salud de la gente que vive allí”, dijo a EFE el portavoz del Comité Internacional de la Cruz Roja, Patrick Griffiths.
Tras la línea imaginaria, Israel lleva a cabo demoliciones de edificios con asiduidad, y bajo el que han quedado también la mayoría de territorios agrícolas de la población.
Una información del diario israelí Haaretz del 26 de marzo recoge que las fuerzas armadas cuentan con 32 puestos en el área militarizada, siete de ellos construidos junto a la propia línea amarilla desde la entrada en vigor del alto el fuego.
“En cinco puntos del Ejército en Gaza, el terreno se ha cubierto con asfalto, permitiendo actividad operacional prolongada”, recoge el artículo.
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Además del Ejército israelí, en el área militarizada se mueven con su connivencia al menos siete milicias locales, armadas por Israel, contrarias a Hamás. En algunos casos, sus líderes son antiguos miembros de las fuerzas de seguridad de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en Gaza.
En Rafah se concentran las Fuerzas Populares, la milicia anti Hamás más grande del enclave (con unos 700 miembros, según fuentes locales) y liderada por Ghassan Al Dahini. Al este de esta ciudad meridional, está el grupo armado liderado por Akram Jargoun, con entre 100 y 150 miembros.
En Jan Yunis actúa la milicia de Hussam Al Astal, con unos 150 miembros, y algo más al norte también en la ciudad sureña se encuentran los en torno a 50 milicianos encabezados por Shawqi Abu Nasira.
A la altura del campo de refugiados de Bureij (centro) opera la milicia de Issam al Nabahim, con menos de 20 miembros.
En la capital, la ciudad de Gaza (norte), se encuentra la milicia de Rami Helles, con entre 200 y 250 combatientes, y finalmente al noroeste de Beit Lahia y este de Yabalia se extiende la banda de Ashraf Al Mansi, con unos 100 alistados.
Estos grupos llevan a cabo incursiones en el lado occidental de la línea amarilla, en ocasiones para asesinar a miembros de Hamás o su policía o, en otras, como en las últimas semanas, para llamar a la población a abandonar zonas que pasarán a estar controladas por el Ejército.
