Guyana y Haití registran la esperanza de vida más baja de la región del Caribe

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Castries, 10 jun (EFE).- El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, por sus siglas en inglés) reveló este miércoles que los países del Caribe con menor esperanza de vida son Guyana y Haití, frente a Barbados, Jamaica, Antigua y Barbuda y Trinidad y Tobago que registran la tasa más alta de longevidad, a pesar de que la población caribeña cuenta con un promedio de vida más bajo que el resto de América Latina.

"Las explicaciones de las desigualdades en la esperanza de vida entre países son multidimensionales e incluyen, por ejemplo, el perfil de factores de riesgo de cada país y la estructura del sistema de salud", esgrimió un informe de 323 páginas, titulado 'Democracias bajo presión: Reimaginar el futuro de la democracia y el desarrollo en América Latina y el Caribe'.

De acuerdo al documento de la PNUD, la esperanza de vida de los caribeños oscila entre los 66 y los 76 años, con una media de 77,8 años, y los ciudadanos del Caribe tienen una buena salud hasta los 70 años de edad.

Este análisis aseguró que el principal motivo de estas cifras es la gobernanza democrática que desempeña un papel central a la hora de garantizar un acceso equitativo a los servicios de salud, independientemente de la situación socioeconómica, el género o la ubicación geográfica de la población.

"Unos sistemas institucionales sólidos permiten planificar las inversiones en infraestructuras, distribuir adecuadamente al personal sanitario y diseñar mecanismos de financiación que reduzcan las disparidades territoriales y sociales. Cuando estos marcos funcionan, contribuyen a mitigar los determinantes sociales de la salud y evitan que la enfermedad se convierta en un factor que agrave la pobreza y la exclusión", aseveró el programa de Naciones Unidas.

El informe reconoció que el Caribe ha avanzado hacia la cobertura sanitaria universal (CSU, en inglés), sin embargo, la pandemia de la covid-19 interrumpió ese progreso y obligó a reorientar los recursos hacia la atención de urgencias, lo que afectó a los programas de prevención y al manejo de las enfermedades crónicas.

Además, la región caribeña se enfrenta a una transición epidemiológica compleja, caracterizada por una alta prevalencia de enfermedades no transmisibles como la diabetes, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares, que requieren sistemas de atención primaria reforzados y la continuidad del tratamiento.

El informé apuntó que los países de la Comunidad del Caribe (Caricom) establecieron leyes de inmunización y políticas específicas para abordar las enfermedades crónicas, así como estrategias de salud pública orientadas a la prevención y la promoción del bienestar.

"Sin embargo, la existencia de marcos normativos no se traduce en una capacidad efectiva de aplicación. Siguen existiendo dificultades en la coordinación interinstitucional, la disponibilidad de personal cualificado y la sostenibilidad financiera de los sistemas de salud, especialmente en los pequeños Estados insulares", precisó la PNUD.

Por último, el documento remarcó que la elevada dependencia de las importaciones médicas y farmacéuticas amplifica la vulnerabilidad ante los agentes externos y los desastres naturales y la crisis climática añaden presión a unos servicios que ya están sobrecargados.

"El fortalecimiento de la resiliencia de los sistemas de salud en el Caribe requiere una visión integral que combine la inversión en infraestructura y capital humano con mejoras en la gobernanza, la planificación y la cooperación regional", concluyó la PNUD.