Baréin intensifica la represión contra chiíes tras la guerra con Irán, dice ONG

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Manama, 19 jun (EFE).- Las autoridades bareiníes continúan intensificando la represión contra los chiíes, que representan prácticamente la mitad de la población, alarmadas por la respuesta de sus ciudadanos a los ataques de represalia iraníes contra intereses estadounidenses en el país, informó este viernes una ONG.

Las autoridades han puesto el foco en los rituales de Ashura, una de las principales celebraciones chiíes, restringiendo drásticamente su celebración pública, y en los últimos dos días se han registrado "algunos enfrentamientos y varias detenciones", según la organización estadounidense Americans for Democracy and Human Rights in Bahrain (ADHRB), que no precisó una cifra.

En su comunicado, la ADHRB afirmó que, si bien la represión era una extensión de las políticas restrictivas que acompañaron las temporadas anteriores, lo que la distinguió en esta ocasión fue la injerencia administrativa y de seguridad en la práctica de los rituales, así como la manifestación de la identidad religiosa y cultural.

"Contrariamente a lo que las autoridades describen como medidas regulatorias, las medidas impuestas este año han adquirido un carácter más estricto, incluyendo restricciones a los consejos, procesiones y discursos religiosos, impidiendo que un gran número de predicadores y recitadores participen en la temporada", apunta la organización en la nota.

ADHRB verificó "la eliminación de manifestaciones de Ashura, así como citaciones, detenciones, arrestos y el uso de la fuerza contra ciudadanos que se opusieron a la represión de sus rituales".

Las autoridades bareiníes iniciaron casi de inmediato una represión tras el comienzo de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero.

Más de 200 personas fueron detenidas por filmar ataques iraníes contra bases estadounidenses en la isla o por expresar su apoyo a dichos ataques.

Muchas de esas personas fueron condenadas por cargos de espionaje a duras penas que oscilaban entre la cadena perpetua y los cinco años de prisión, mientras que a otros 70 se les retiró la nacionalidad bajo la acusación de ser de origen iraní, y sus familias fueron deportadas a Irán.

Asimismo, un joven bareiní murió bajo custodia policial tras ser torturado hasta la muerte para obligarlo a confesar espionaje, de acuerdo con organizaciones de derechos humanos, un extremo que llevó a la detención de un oficial bareiní.