"Fue un ataque directo. Algunas personas fueron rescatadas, otros cuerpos recuperados, pero ocho víctimas —niños, mujeres y hombres— permanecen bajo los escombros", dice a EFE el portavoz da la Defensa Civil gazatí, Mahmud Basal, a espaldas de un amasijo de cemento y hierros, lo que quedó de la vivienda.
Al igual que estos cadáveres, miles más siguen sin poder ser recuperados "al este de la línea amarilla, tanto en Rafah como en el norte de la Franja", añade Basal sobre las zonas sur y norte del enclave palestino que permanecen ocupadas militarmente por Israel y a donde ningún palestino puede acceder, a riesgo de pagarlo con su vida.
Según una estimación del Ministerio de Sanidad gazatí, que ha documentado más de 73.050 muertes en Gaza desde el inicio de la ofensiva israelí, unos 7.500 cuerpos siguen sepultados. Y cada día que pasa, la posibilidad de que sean identificados por sus familiares (ante la falta de tecnología forense) se reduce.
Pero extraer muertos en una Gaza convertida en un cementerio al aire libre no resulta una tarea sencilla. El gobierno israelí prohíbe, en una extensa lista de bienes que ONG califican de "arbitraria", tanto la entrada de materiales de reconstrucción como de maquinaria pesada a la Franja.
Pero incluso si el COGAT (el brazo militar israelí que gestiona los asuntos civiles en los territorios palestinos ocupados) aprobase la entrada de, por ejemplo, una excavadora, las ONG deben detallar de antemano cómo y por quién será usada, lo que cuasi por defecto descalifica a la Defensa Civil del gobierno de Hamás.
Basal reconoce que carecen de excavadoras, topadoras y maquinaria pesada. "Todo fue destruido al comienzo de la guerra", dice, al tiempo que detalla un plan según el cual, en tres meses, podrían rescatar a muchas de las víctimas de Gaza si les dejaran usar el equipo "que se ha ofrecido a organizaciones internacionales".
"Pero si continuamos así, estamos hablando de años", añade el gazatí.
Por el momento, el Comité Internacional de la Cruz Roja les permite operar -durante 2.000 horas- una cargadora de ruedas y una excavadora que han logrado alquilar, específicamente, para labores de búsqueda y recuperación por parte de la Defensa Civil, según confirmó a EFE esta organización.
Sin embargo, Basel dice que la excavadora ya se ha averiado y que un ingeniero les ha dicho que necesita aceite, otro de los bienes limitados en Gaza debido a la política israelí de denegar todo tipo de objetos bajo la premisa de un potencial "doble uso": civil y militar por grupos como Hamás.
"No hay aceite disponible. Se necesita combustible, y el combustible escasea. Se necesita mantenimiento y no hay piezas de repuesto", enumera el funcionario sobre las trabas añadidas.
Mohamed Ghaboun, de 12 años, observa las actividades de descombro a poca distancia de los operarios. Es uno de los pocos supervivientes del ataque israelí de ese 9 de octubre que mató a dieciséis miembros de su familia, según detalló entonces el canal Al Jazeera.
"Éramos 25 (personas). Nos despertamos como cualquier otro día durante la guerra y, de repente, me encontré atrapado bajo los escombros y el polvo. No tenían motivo para bombardearnos, la vida ya era difícil" dice a EFE Ghaboun, que fue rescatado al día siguiente.
"Hoy siento una mezcla de emoción y profunda tristeza. Emoción porque por fin rescatarán a mi familia de entre los escombros, pero al mismo tiempo, mi corazón está lleno de dolor. Me preparo para enterrar a mi familia, como tantas otras han enterrado a sus seres queridos", dice quien todavía luce en el rostro y manos diminutas incrustaciones negras, casi como lunares, a causa de la metralla.
