Nick Cave, ídolo (de culto) de masas en el cierre de los diez años de Mad Cool

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Madrid, 11 jul (EFE).- Ante una masa entregada de miles de almas, Nick Cave ha oficiado este sábado el cierre de la celebración de los diez años de Mad Cool como perfecto sacerdote oscuro o dios salvaje de esta cuarta jornada, la más reverencial en cuanto a contenido y la que más años de carrera sumaba entre sus principales artistas.

El festival madrileño concluye su novena convocatoria (las de 2020 y 2021 no se pudieron celebrar por la pandemia) con un saldo total de 215.000 personas tras reunir en este broche a unos 48.000 asistentes según cifras de la organización, entre ellos muchos ilustres dedicados a la música como Leiva, Ariel Rot, Jairo Zavala (Depedro), Abraham Boba (León Benavente) o Juan Alberto Martínez (Niños Mutantes).

Ha sido la jornada menos concurrida y con mucha probabilidad la que más ha elevado la media de edad (y la recaudación en barra), también la más alternativa con figuras como el propio Nick Cave & The Bad Seeds, Pulp, David Byrne o The Black Crowes, que no se han caracterizado nunca por buscar el camino fácil en la música.

El tiempo ha tratado mucho mejor la garganta que el físico de Chris Robinson, que ahí se ha plantado aún bajo el último sol de la tarde para ser los primeros grandes reclamos de la jornada en saltar al escenario y no ha faltado comentario en torno al calor madrileño.

Más se ha prendido Mad Cool con sus Black Crowes desde que ha sonado 'Remedy', con olor a rueda de caucho quemado y asfalto, a bar del interior de EE.UU. y a "riffs" de guitarras voladoras y raíces negras repasando sus más de 40 años en el negocio.

Atraídos por uno de los motores y voz de The National muchos disfrutaban en paralelo con Matt Berninger, también de riguroso negro (el color que ha definido la jornada), que ha venido a desgranar temas de sus dos discos en solitario, algunos tan meritorios como 'Nowhere Special' y su larguísima letra, más declamada que cantada, incluso gruñida.

En poco más de una hora le ha dado tiempo a desmarcarse del presidente de su país ("Fuck Trump", ha dicho) y en interpretar también algunos temas de su famosa banda, como 'Slow Show' o 'Terrible Love', con el que se ha dado uno de sus habituales baños de masas para regocijo de sus seguidores.

Aunque si ha habido alguien que ha despertado un fervor muy cercano a lo religioso ha sido el australiano Nick Cave y la banda con la que también lleva más de 40 años poniendo lirismo al rock alternativo, nada menos que seis músicos y un coro góspel de cuatro miembros para reforzar su intensidad y atracción por lo bello de la oscuridad, creando con ellos auténticas catedrales sonoras.

Ante la mayor masa de gente que probablemente nunca ha recibido a la vez a este artista de culto, ha quedado claro desde el inicial 'Get Ready For Love' tanto el mensaje como el advenimiento de una figura reverenciada, desde el minuto cero dejándose tocar por su público, pero elevado como un predicador ante cortes como 'O Children'.

Aunque sus temas sean a menudo lamentos como 'From Her To Eternity' o exorcismos como 'Long Train Suffering', a Cave se le ha visto feliz y radiante, también sudoroso y embutido en su traje "retro" a 33 grados en Madrid. Entregado a la causa, no ha dejado de repetir una y otra vez "Beautiful, beautiful" en aprobación de lo que sentía.

Durante sus dos horas de misa negra ha habido tiempo para mucho, incluso para un concierto solapado en el escenario 2 de los británicos Kasabian, el cual también ha congregado a miles de seguidores. La muralla sónica creada con contenedores para aislarlo relativamente se ha quedado corta, como pasó con Moby en la primera jornada, y, como entonces, los vatios del escenario principal se han colado constantemente en su directo.

Perfecto para desengrasar tras la ceremonia de The Bad Seeds les ha tomado el relevo otro de los veteranos, David Byrne, del que nunca se debe esperar un concierto convencional ni aburrido, tampoco falto de conciencia social.

De naranja, como los presos estadounidenses, ha saltado al escenario con un repertorio plagado de guiños a sus Talking Heads, incluido 'Pyscho Killer', y así vestidas también han aparecido hasta doce personas que lo han arropado, a cada cual con un instrumento más raro y sin posiciones fijas, para ir moviéndose por la tarima plana.

Para el cierre total aún quedaba uno de los platos fuertes de la edición, pues aunque Jarvis Cocker sí ha hecho acto de aparición de vez en cuando por Madrid (la última vez con su proyecto Jarv Is... en 2022), ni sus Pulp ni sus canciones se habían pasado por la ciudad desde los 90, cuando ellos eran una de las bandas señeras del "brit pop".