El mexicano Héctor Gutiérrez se impone en la deslucida final de Las Ventas

Imagen sin descripción

Madrid, 30 jul (EFE).- El diestro mexicano Héctor Gutiérrez se proclamó triunfador de la VI edición de la Copa Chenel, el ya clásico certamen de oportunidad que, por primera vez, celebró hoy su final en la plaza de toros de Las Ventas, en el que fue un festejo deslucido por el pobre juego de los toros de la divisa de El Capea.

Además de su desigual y, en algunos casos, escasa presentación, los "murubes" de la divisa del que fuera gran diestro salmantino dieron muy pocas opciones a la terna de finalistas, en tanto que, bien por falta de entrega o de raza, no estuvieron a la altura de una cita tan decisiva.

El mejor, y el único, con verdaderas posibilidades del sexteto fue el toro que abrió plaza, ya que, aun a falta de emplearse con algo más de celo tras los engaños, sí que tuvo nobleza y ritmo en unas arrancadas que el mexicano, que ofició en primer lugar al confirmar su alternativa, supo ir encauzando en una faena muy compuesta.

Los mejores muletazos del torero de Aguascalientes llegaron al final del trasteo, ya con la mano izquierda, cuando manejó con más temple y suavidad los vuelos del engaño y sacó así el mejor fondo del de El Capea, antes de unos buenos ayudados por bajo para rematar la obra.

El hecho de que la estocada quedara demasiado delantera fue sin duda el motivo al que debió agarrarse la presidencia para no concederle al mexicano una oreja pedida con fuerza, y que precedió a la vuelta al ruedo que, con todo, le sirvió para proclamarse triunfador del certamen.

Ya con el quinto, en el orden normal de la corrida, Gutiérrez también hizo el esfuerzo por someter a un animal que, para compensar la suerte, fue con diferencia el peor del encierro, dada la violencia con que se defendió pero ante la que no se arredró su matador,

A Alejandro Marcos le correspondió, en cambio, el lote de toros más deslucido, con un segundo de mayor seriedad que tuvo más aspereza que entrega y un cuarto sin apenas celo ni bravura que se salía de las suertes con la cara por las nubes, defectos que el salmantino intentó siempre solventar con paciencia y buen oficio pero sin brillantez.

Por su parte, Manuel Diosleguarde tuvo un primero de lote que apuntó calidad dentro de un nulo fondo de raza, lo que le llevó a pararse a las primeras de cambio por mucho que él intentara mantenerlo con pulso tras los engaños. Y ya el sexto, a noche vencida, fue, con mucho, el más descastado, siempre respondiendo a cabezazos al tesonero empeño del torero charro.

Seis toros de El Capea (3º y 4º con el hierro de Carmen Lorenzo), de justa presencia, desiguales de volumen y alturas y casi todos sueltos de carnes, a falta de mayor remate. En cuanto a juego, aunque con movilidad en los primeros tercios y muy abantos de salida, a la mayoría les faltó mayor entrega y fondo en sus embestidas. El primero, con más nobleza y ritmo, fue el más destacado, en oposición al quinto, con violencia defensiva.

Alejandro Marcos, de corinto y azabache: dos pinchazos y estocada trasera (silencio); dos pinchazos, pinchazo hondo y descabello (silencio tras aviso).

Héctor Gutiérrez, de añil y oro, que confirmaba alternativa: estocada muy delantera desprendida (vuelta al ruedo tras petición de oreja); estocada caída delantera (ovación).

Manuel Diosleguarde, de sangre de toro y oro: estocada (silencio); dos pinchazo, estocada y descabello (silencio tras aviso).

El mexicano Gutiérrez confirmó su alternativa en España con el toro "Ladrillero", nº 9, negro, de 543 kilos.

Entre las cuadrillas, destacaron picando Espartaco e Ignacio Rodríguez, y en la brega Marcos Prieto e Iván García.

Corrida final de la Copa Chenel, con algo más de medio aforo cubierto de los tendidos de Las Ventas (unos 11.000 espectadores), en tarde-noche de calor bochornoso.