Domínguez cumplió guardias en la casa del astro los días 16 y 22 de noviembre de 2020, poco antes de su fallecimiento, el 25 de noviembre.
Durante la fase de instrucción, el custodio declaró que Maradona no salía de su habitación y que “estaba hinchado, tenía la cara hinchada, los ojos hinchados”.
Según relató, el médico de cabecera del ídolo, Leopoldo Luque, “dijo que era normal que esté hinchado porque estaba acostado”.
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Maradona falleció mientras cursaba un tratamiento domiciliario en una vivienda en las afueras de Buenos Aires, a causa de un edema agudo de pulmón secundario a una insuficiencia cardíaca crónica reagudizada, según indicó la autopsia.
El pasado 8 de julio declaró Julio Coria, otro de los empleados de seguridad, quien vio a Maradona la noche previa a su muerte y aseguró que “estaba bien”.
Su versión contradijo lo relatado por otros testigos que destacaron el deterioro del ídolo durante sus últimos días y fue puesta en duda por la Fiscalía, que exhibió una conversación ocurrida dos días antes de la muerte del ídolo, en la que Coria le contaba a Luque que Maradona no se había levantado de la cama en todo el día.
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También declaró en el juicio el custodio Julio Soria, quien insistió en que Luque ocupaba el papel de médico principal del exfutbolista, un rol del cual el propio Luque ha intentando desligarse desde el inicio del juicio: “Los que trabajábamos en la casa de Diego sabíamos que él era el médico”.
Además de Luque, son juzgados en este proceso la psiquiatra Agustina Cosachov, el psicólogo Carlos Díaz, la coordinadora de cuidados domiciliarios de Swiss Medical Nancy Forlini, el médico clínico Pedro Di Spagna, el coordinador de enfermeros Mariano Perroni y el enfermero Ricardo Almirón, todos acusados de homicidio simple con dolo eventual.
