La joven había construido junto a su esposo, Sebastián Íguira, un hogar alrededor de sus dos hijos en el barrio Alto Meléndez. El terremoto la sorprendió en casa y tan pronto sintió el movimiento de la tierra, tomó a los menores e intentó bajar desde el segundo piso para ponerlos a salvo. Fue entonces cuando una pared se desplomó.
"Lo que me dicen los vecinos es que tenía a los niños abrazados y se le desplomó encima una pared, ella lo que hizo fue arrojar a los niños hacia adelante y recibió todo el impacto", contó a EFE su esposo Sebastián.
Uno de los vecinos intentó auxiliarla pero una segunda pared, de una vivienda cercana, también se vino abajo y cayó sobre ambos. La mujer murió de inmediato y el hombre tuvo fractura de una pierna.
Gracias a la rápida acción de Yenci, los dos niños sobrevivieron, aunque resultaron lesionados. La menor, de cuatro años, sufrió una pequeña fisura en la cabeza y permanece hospitalizada, mientras que su hermano, de seis años, fue dado de alta al día siguiente.
"El niño ya está mucho mejor y la niña sigue en el hospital, pero los médicos nos dicen que también avanza de manera satisfactoria. Son lo único que me queda, los amo mucho", dijo Sebastián.
El esposo de Yenci estaba muy cerca de su vivienda cuando ocurrió el sismo.
"El terremoto me tomó cuando estaba haciendo una diligencia, estaba cerca, en la Calle Quinta. Cuando comenzó a temblar, me azaré (ofusqué) todo, traté de llamarla, no me contestó. Le escribí mensajes, no me contestó. De la Calle Quinta a mi casa hay cinco minutos. Fue el trayecto más largo de mi vida. Cuando llegué a la casa, vi la situación, quedé en choque. La amaba mucho", recordó.
Yenci fue velada en casa de un familiar, en Alto Meléndez, donde seres queridos, amigos y vecinos se reunieron para despedir a la mujer que, en medio del terremoto, puso por delante su vida para salvar la de sus hijos.
Los familiares vistieron camisetas blancas con una fotografía de la joven y la expresión "Te amamos", y en la parte de atrás una frase que resume el dolor y el amor de quienes hoy la despidieron: "Al cielo se fue nuestra princesa, en la tierra se quedó tu amor eterno".
Después de la velación una caravana fúnebre acompañó el féretro hasta un cementerio del sur de Cali. Los vehículos avanzaron haciendo sonar sus bocinas, llamando la atención de quienes encontraban a su paso para anunciar que allí viajaba, en un último recorrido, una mujer a la que su comunidad considera una heroína por haber salvado a sus hijos.
"Sos una guerrera, mi amor, gracias por lo que me diste, me quedo con lo mejor de ti; me dará muy duro despertar en las mañanas cuando al irme a trabajar no me des la bendición al salir, mi cielo", gritó Sebastián durante el sepelio.
Finalmente, una salva de aplausos inundó el cementerio, un homenaje a una madre que, en los segundos más difíciles de su vida, eligió salvar a sus hijos en esta tragedia que deja ya 110 personas fallecidas en Cali y 285 en el país.
