Cuba vive una profunda crisis energética desde mediados de 2024, que se ha agudizado a partir del bloqueo petrolero impuesto por el Gobierno de EE.UU. desde enero. Los cortes del suministro alcanzan las 20 horas diarias en La Habana y han llegado hasta los dos días consecutivos en el resto del país.
El cubano promedio sufre, además de los prolongados apagones, la carestía de bienes básicos como alimentos, medicamentos y agua potable, una inflación desatada y un derrumbe de los servicios primordiales. La situación ha azuzado el malestar social que se expresa en protestas -en su mayoría pacíficas- con cacerolazos y quemas de basura en varios barrios de La Habana principalmente.
En este contexto, la UNE, adscrita al Ministerio cubano de Energía y Minas, prevé para el horario "pico" de esta jornada disponer de una capacidad de generación de apenas 1.040 megavatios (MW) frente a una demanda máxima de 3.350 MW.
Así, el déficit -la diferencia entre oferta y demanda- será de 2.310 MW y la afectación estimada -lo que se desconectará realmente para evitar apagones desordenados- alcanzará los 2.340 MW.
El informe diario de la UNE refiere, además, que 7 de las 16 unidades de generación termoeléctrica del país no están operativas por averías o trabajos de mantenimiento (esta fuente es responsable del 40 % del mix energético).
Estas afectaciones no están ligadas al cerco petrolero (porque emplean en su mayoría petróleo nacional), sino a las condiciones en que operan las obsoletas termoeléctricas, con décadas de explotación y un déficit crónico de inversiones.
La situación del Sistema Electroenergético Nacional es "crítica", según han calificado las autoridades de la nación caribeña.
