El organismo internacional, con sede en Ecuador, precisó en un comunicado que "el incremento marca el tránsito desde proyectos puntuales hacia una nueva etapa en la que el almacenamiento comienza a ganar escala y a desempeñar un papel creciente en la integración de energías renovables y la flexibilidad de los sistemas eléctricos".
Chile lidera el desarrollo del almacenamiento con baterías en la región, con 2.291 megavatios en operación, equivalente a cerca de dos tercios del total regional identificado.
A junio de 2026, el país suma 2.389 megavatios en fase de pruebas y 4.960 MW en construcción, alcanzando aproximadamente 9,6 gigavatios (GW) de capacidad entre proyectos operativos, en pruebas y en construcción.
Este crecimiento responde, principalmente, a la rápida expansión de la energía solar y eólica y a la necesidad de aprovechar mejor la generación renovable disponible.
Las baterías permiten almacenar la energía producida en momentos de alta oferta y utilizarla posteriormente, cuando aumenta la demanda, contribuyendo además a reducir los vertimientos de energía y aliviar las restricciones de la red de transmisión.
La expansión también comienza a extenderse por la región, aunque con modelos diferentes, apuntó la Olacde.
Por un lado, México prevé incorporar 2.216 megavatios de almacenamiento hacia 2030 a través de la Comisión Federal de Electricidad, mientras que Argentina ha adjudicado más de 1.400 megavatios mediante mecanismos competitivos.
Honduras desarrolla un sistema de 75 megavatios y 300 megavatios hora (MWh), con cuatro horas de almacenamiento, para fortalecer la red y su confiabilidad.
En el Caribe, Jamaica avanza en la incorporación de 110 MW/220 MWh de capacidad, asociados a 220 megavatios de nueva generación renovable.
Brasil, por su parte, está avanzando en regulación y mecanismos competitivos específicos para almacenamiento.
La expansión de las baterías plantea nuevos desafíos para la planificación, regulación y diseño de los mercados eléctricos.
La Olacde señala que el objetivo debe trascender la capacidad instalada y centrarse en la flexibilidad que requiere cada sistema.
En ese sentido, el organismo internacional apuntó que la región avanza hacia una nueva etapa en la que almacenamiento, generación flexible, gestión de la demanda, transmisión e interconexiones deberán complementarse para integrar más energías renovables con seguridad, eficiencia y confiabilidad.
