La guerra ya supera los seis meses, el estratégico estrecho de Ormuz sigue bloqueado y ofensivas constantes contra los buques han disparado los precios del petróleo: la república islámica lucha por aumentar el costo del conflicto para el presidente estadounidense, según analistas consultados por la AFP.
Lejos de dar prioridad a la vía diplomática u optar por la distensión, Teherán llega incluso a arriesgarse a una reanudación de las hostilidades a gran escala, como ya ocurrió durante 40 días de bombardeos israelí-estadounidenses, desde que se inició el conflicto el 28 de febrero hasta la tregua de abril.
A pesar de la muerte de numerosos dirigentes y de contar con un nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, quien permanece fuera del ojo público, Irán ha intensificado su tradicional estrategia de confrontación con el “gran Satán” estadounidense.
“Considera que está ganando la guerra y que Estados Unidos la está perdiendo”, en un momento en que “no pueden permitirse una escalada”, comentó a la AFP Thomas Juneau, profesor de la Universidad de Ottawa.
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El gobierno iraní ve en este período de campaña electoral una “ventana de oportunidad para aprovechar la debilidad estadounidense y remodelar el orden regional a su favor”, continuó el analista.
- Lista de exigencias -Se acabó “la era de las respuestas proporcionadas”, según las palabras del negociador en jefe iraní, Mohamad Baqer Qalibaf. Irán reivindicó el miércoles ataques contra diez embarcaciones que intentaban atravesar el estrecho de Ormuz.
Además, anunció que pronto ampliará, más allá de ese paso, la zona sujeta a autorización de navegación, para bloquear mejor esta vía marítima estratégica para el comercio mundial de hidrocarburos.
Teherán apuesta por “la presión ejercida mediante el bloqueo de Ormuz y la amenaza de perturbaciones más amplias” para debilitar a su enemigo antes de las elecciones, apuntó Sanam Vakil, directora del programa de Oriente Medio en el centro de estudios británico Chatham House.
Irán también atacó una instalación estadounidense en Jordania como represalia por la destrucción, el día anterior, de cinco petroleros iraníes por parte de las fuerzas estadounidenses. La cadena CBS News informó que aproximadamente ocho aviones F-15 sufrieron daños leves.
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“No confiamos en Estados Unidos y no daremos ningún paso más hasta que hayan tomado medidas para generar confianza”, dijo el domingo pasado el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohsen Rezai, vestido con uniforme militar. “Deben pasar a la acción”.
Los Guardianes de la Revolución, el poderoso ejército ideológico de la república islámica, plantearon esta semana una serie de exigencias para poner fin a la guerra, desde la retirada de las tropas israelíes que operan en el sur de Líbano hasta el desbloqueo de unos 24.000 millones de dólares en activos iraníes congelados.
“Ira popular”
“Irán no puede derrotar militarmente a Estados Unidos”, consideró Ali Alfoneh, investigador del Arab Gulf States Institute.
“Pero Teherán espera debilitar políticamente al presidente Trump al contribuir a una derrota republicana en las elecciones, manteniendo alto el precio de la gasolina y recordando a los votantes estadounidenses que su presidente ha arrastrado a Estados Unidos a una ‘guerra sin fin’ que había prometido evitar”.
Al parecer, en alusión a la estrategia iraní, Trump acusó el miércoles a Teherán de “intentar desesperadamente influir” en la votación.
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“Creo que la guerra terminará inmediatamente después de las elecciones” porque Irán “ya no puede resistir más”, afirmó el inquilino de la Casa Blanca.
Detrás de esta seguridad aparente, el diario Wall Street Journal informó que los asesores del presidente le habían advertido que Irán podría resistir a Estados Unidos mucho más allá del final de su mandato, en enero de 2029.
En el ámbito interno, sin embargo, las autoridades iraníes siguen enfrentándose a numerosas dificultades, entre las que destaca una crisis económica que ya había provocado el invierno pasado manifestaciones reprimidas sangrientamente.
“Existe un riesgo real de que Irán vaya demasiado lejos”, advierte Thomas Juneau, al recordar que el gobierno es “muy vulnerable en el plano interno” y que “la ira popular no hace más que crecer a medida que la situación económica se deteriora”.
