El embajador permanente de Yemen ante la ONU, Abdullah Ali Fadhel Al-Saadi, aseguró en una sesión de urgencia del Consejo de Seguridad que la escalada de los hutíes, aliados de Irán, se ha convertido en "una amenaza creciente" para la seguridad regional y los suministros internacionales y pidió "más que condenas".
"Se requiere construir un sistema de disuasión que impida a las milicias convertir el territorio yemení en una plataforma abierta de amenazas contra la región y el mundo", declaró el embajador.
Según explicó, esto debe hacerse mediante una "aplicación efectiva del embargo de armas" y "reforzando las capacidades del Estado yemení y de sus socios para proteger las costas, los puertos, las aguas territoriales y los corredores marítimos".
Al-Saadi aseguró que el Gobierno yemení "no renunciará a su responsabilidad de proteger a sus ciudadanos ni a la soberanía de su territorio".
"La cuestión es si la comunidad internacional aceptará que una de las puertas de entrada más importantes del mundo para el comercio y la energía se convierta en una herramienta de chantaje en manos de un grupo terrorista transnacional", apuntó.
En los últimos días se han intensificado los combates entre los rebeldes y las fuerzas del Gobierno reconocido internacionalmente, apoyado por Estados Unidos y Arabia Saudí.
Los hutíes han aumentado su control de la costa de Yemen y su avance hacia el estrecho de Bab el Mandeb, que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén.
"Nuestras fuerzas armadas se están reagrupando, recuperando el control y trabajando para impedir que las milicias conviertan su presencia en la costa en una plataforma permanente desde la que amenazar Bab el Mandeb y la navegación internacional", afirmó el embajador.
El diplomático aseguró que el estrecho es ahora el centro de una ecuación iniciada por los hutíes en 2014 "contra el consenso nacional y las instituciones del Estado".
"El pueblo yemení ha elegido al Estado; ha elegido la paz que protege el Estado, y avanzará para alcanzar ese objetivo", concluyó.
