Tras la proyección en la sección Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián, donde fue muy bien acogida, las dos protagonistas, que vieron hoy por primera vez la película completa, se levantaron de sus asientos y se abrazaron emocionadas con la directora.
No era para menos, acababa de pasar por delante de sus ojos toda su vida, captada por la cámara sensible y llena de cariño de la realizadora y fotógrafa argentina.
Las protagonistas del filme son Guillermina y Belinda, dos niñas que Sanguinetti conoció en los años noventa, cuando fue a la pampa a fotografiar animales.
Mientras trabajaba, "las niñas solían estar por ahí y tenía que decirles que se apartaban porque siempre estaban delante de la cámara", recuerda Sanguinetti.
Pero llegó un día, cuando tenían nueve años, que les dijo que se quedaran, que las iba a fotografiar a ells también, y a partir de ahí se estableció una relación que ha llegado hasta hoy y que ha hecho de las dos niñas, que ahora son adultas, y la realizadora "una familia", subrayaron las tres.
Además de fotografiar a las niñas, Sanguinetti también grabó el paso del tiempo con su cámara de video porque "veía que con las fotografías no lograba captar toda la energía", rememoró Sanguinetti.
'La ilusión de un verano sin fin' recoge momentos mágicos de la infancia de la dos niñas, que están siempre juntas y se disfrazan, juegan, cantan y bailan en las praderas que rodean sus casas.
El tiempo va pasando y la realizadora vuelve a ellas cuando tienen 15 años y muchos granos en la cara, cuando cumplen 18 y Belinda se queda embarazada, cuando después la vida las distancia y cuando finalmente las vuelve a unir.
En 2016 la directora se dio cuenta que tenía ochenta horas de grabación y ganas de hacer algo con todo ese material, y encontró una productora, Julia Solomonoff, que la animó a hacer una película.
El título fue una decisión posterior: "Creo que refleja ese momento agridulce en el que no quieres que pase el tiempo".
