El punto más occidental de Rusia vive ajeno a tensiones con la OTAN por Kaliningrado

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Baltíisk (Rusia), 9 oct (EFE).- El puerto militar de Baltíisk, el punto más occidental de Rusia, vive estos días ajeno a las tensiones en torno al enclave ruso de Kaliningrado, donde sus residentes se sienten protegidos y no temen un posible bloqueo de la OTAN.

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"Aquí estamos bien protegidos", comentó a EFE la empleada de una tienda de souvenirs cerca del malecón, frecuentado por lugareños, turistas y unos intrépidos cisnes, uno de los sorprendentes atractivos del lugar.

La ciudad, que acoge una importante base de la Armada rusa, tiene casi 30.000 habitantes y se encuentra en el cordón de Vístula, a unos 50 kilómetros de la capital regional, Kaliningrado. El grueso de los habitantes del puerto son militares, sus familiares y trabajadores de la infraestructura portuaria.

"La única forma de comunicarnos por tierra con Bielorrusia y luego el resto de Rusia, es el corredor de Suwalki, si lo cierran, nos aíslan", dice una mujer de mediana edad en una parada de autobús.

Enseguida agrega que no cree que esto llegue a pasar, pero en el peor de los casos -aduce-, la región sobrevivirá gracias a las reservas de combustible y alimentos de las que ha hecho acopio con el paso de los años.

A este respecto, destaca que la crisis de combustible que se vivió durante el verano en el resto de Rusia debido a los ataques ucranianos contra las refinerías, apenas afectó a la región de Kaliningrado.

"Si hace falta, me apunto como voluntaria en un hospital", dice al reflexionar sobre un eventual enfrentamiento militar entre Rusia y países de la OTAN.

A la vez confía en que las partes no lleguen a tal extremo. "No vivimos mal, pero antes vivíamos mejor", comenta al recordar los tiempos previos al inicio del conflicto con Ucrania.

Algunas partes de la urbe se pueden visitar solo con un pase especial, ya que su puerto, uno de los pocos que es navegable los doce meses del año, alberga la Flota rusa del Báltico.

Con todo, el resto de la ciudad, que en tiempos soviéticos tenía estatus de ciudad cerrada, apenas se diferencia de otras localidades costeras de la región, a no ser por una cantidad mayor de hombres en uniforme militar.

Uno de los primeros buques que ve el visitante del malecón de Baltíisk es el moderno barco de comunicaciones Andréi Pervozvanni, de unos 70 metros de eslora. Su nombre alude a un famoso acorazado de la Armada Imperial rusa.

El patriotismo de la gente de Baltíisk se nota también en la cantidad de las banderas tricolor que ondean tanto en edificios oficiales, las plazas de la ciudad, como en las ventanas de algunas viviendas.

Baltíisk (antigua Pillau) tiene una larga historia relacionada con el mar, el comercio y la Armada. Se cree que los primeros asentamientos de pescadores se formaron aquí en el siglo XIII.

De ahí que en la ciudad aún se puedan ver antiguas fortificaciones de varias épocas históricas. La más famosa es la ciudadela en forma de estrella, cuya construcción fue iniciada en 1626 por el entonces rey sueco Gustavo II Adolfo y terminada por Prusia en 1670.

Pocos años después, la fortaleza fue visitada por Pedro el Grande, que aquí recibió instrucción militar. De hecho, el monumento al primer emperador ruso es ahora una de las tarjetas de visita de la ciudad. En Baltíisk también se encuentra el faro más occidental de Rusia, construido en 1816 y todavía en funcionamiento.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la fortaleza de Pillau fue el bastión más importante de las tropas alemanas en Prusia Oriental antes de ser tomada por tropas soviéticas en abril de 1945.

Las tensiones en la región del Báltico tienen una larga historia y comenzaron a agudizarse tras la caída de la Unión Soviética y el ingreso de Lituania en la OTAN en 2004. La siguiente etapa de la crisis llegó con la anexión de Crimea diez años después y la militarización de Kaliningrado, defendida por misiles de crucero Iskander.

Su tercera y última etapa comenzó tras la entrada en la Alianza Atlántica de Finlandia que tuvo lugar poco después del inicio de la guerra en Ucrania en 2022.

Consciente de que Kaliningrado es un saliente ruso rodeado por una arquitectura militar occidental en plena expansión, las autoridades continuaron apostando por reforzar la seguridad del enclave, que se ha convertido en una auténtica fortaleza.

Y Baltíisk, que le recibe a uno con el inconfudible letreno de que "Aquí empieza Rusia", es su punta de lanza.

El presidente ruso, Vladímir Putin, para quien el bloqueo terrestre o marítimo del territorio es un 'casus belli', advirtió la pasada semana que, si es necesario, su país empleará todo su arsenal para defender el enclave que limita con Polonia y Lituania.