El último informe publicado por la organización Oxfam Intermón antes de la cumbre climática de la ONU, COP31, concluye que una única persona perteneciente a ese grupo de mayores ingresos ha contribuido casi 400 veces más a las actuales olas de calor extremas que alguien de la mitad más pobre de la humanidad.
"Mientras los superricos siguen contaminando de forma desproporcionada, las personas que más sufren finalmente las consecuencias del cambio climático son justamente quienes menos han contribuido a este problema", señala la responsable de Justicia Climática de Oxfam Intermón, Sofía del Valle.
El documento también calcula que el 1 % más rico es responsable del 20 % del calentamiento global registrado desde 1990 y que sus emisiones de un solo año provocan 1,9 millones de muertes adicionales relacionadas con el calor, el 78 % de ellas en países de renta baja y media-baja.
La desigualdad climática además no se limita a quién contamina más y quién sufre las consecuencias, sino que se refleja en quién puede recuperarse de los desastres y quién obtiene beneficio de ellos.
El índice 'Destruir y Reconstruir' elaborado por Oxfam identifica 217 empresas que operan tanto en sectores que contribuyen a la crisis climática como en actividades de preparación, recuperación y reconstrucción tras catástrofes.
BlackRock y Vanguard invierten en el 92 % de las empresas incluidas en el índice y sus inversiones conjuntas superan el billón de dólares en el mercado mundial de la recuperación tras desastres, mercado que podría crecer de 70.000 a 92.000 millones de dólares anuales en 2029.
Del Valle denuncia que quienes cuentan con más recursos pueden protegerse mediante seguros privados o viviendas en lugares más seguros, mientras que los hogares vulnerables pierden sus casas, cosechas y medios de vida y tienen más dificultades para recuperarse.
En este sentido, Oxfam Intermón muestra el ejemplo de la dana que devastó municipios españoles de Valencia hace dos años y que afectó especialmente a los hogares con menos recursos, las mujeres, las personas mayores y las comunidades migrantes.
Ante la COP31, la organización reclama a los gobiernos que quienes contaminan más asuman una mayor parte de los costes de la crisis, mediante impuestos permanentes a las empresas de combustibles fósiles y al patrimonio, la renta y los artículos de lujo con altas emisiones, como los aviones privados.
También pide aumentar la financiación climática para los países del sur global mediante fondos públicos y subvenciones, en lugar de préstamos que agraven su deuda, y triplicar los recursos destinados a adaptación para 2035.
Entre sus propuestas figuran una política de adaptación al cambio climático centrada en proteger a los más vulnerables y un impuesto permanente sobre los beneficios extraordinarios de las empresas de combustibles fósiles.
"Llamamos a los gobiernos a asegurar que los que más contaminan paguen", defiende Del Valle, quien reclama situar la reducción de las desigualdades en el centro de la respuesta climática.
