Las obras proceden del Institut Valencià d'Art Modern (IVAM), el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid y de colecciones privadas, entre las que se puede encontrar la piscina de pigmento azul Klein, "símbolo" de la intensidad física y visual con la que el artista concibió el color, "que entendía como un acontecimiento libre".
El proyecto se acerca también a la relación de Klein con España, donde residió en dos ocasiones en la década de 1950, en la que se puede ver su diario de viaje y su primer libro de artista.
La Fundación Juan March destacó que las dos estancias de Klein en la España de los años 50 fueron "fundamentales" a la hora de configurar algunas de las ideas centrales de su obra.
La comisaria de la muestra, Cristina Carrillo de Albornoz, resaltó que "pronto despertarían en Klein intereses como el jazz, la literatura y la filosofía zen, pero su primera vocación, y la que le abrió la puerta hacia lo espiritual, fue la de judoca".
Klein pasó varios meses en España estudiando español y ejerciendo como maestro de judo, una disciplina a la que se dedicó "con rigor".
Esa dedicación, junto a la vinculación del cuerpo y el gesto con la contemplación estética y la reflexión sobre el absoluto y el infinito, "contribuyó a orientar su búsqueda hacia un arte entendido como una experiencia total". EFE
