Malhaes, de 77 años, fue hallado muerto el viernes después de un asalto en su casa en un suburbio de Rio. Se trata del primer militar que confesó haber torturado durante la dictadura (1964-1985), en un país donde estos crímenes nunca se juzgaron debido a una ley de amnistía.
“No descartamos ninguna hipótesis. Sabemos que declaró ante la Comisión de la Verdad el mes pasado”, dijo el comisario a cargo de la investigación, Fabio Salvadoretti, citado este sábado en O Globo.
Según Salvadoretti, el cuerpo de Malhaes fue encontrado en el suelo boca abajo, con una almohada sobre la cabeza y marcas en el cuello y la cara, sin señales de disparos de armas de fuego, lo que sugiere que murió por asfixia.
De su casa fueron robados dos ordenadores, joyas, 700 reales (312 dólares) y tres armas que coleccionaba.
Tres hombres, uno de ellos encapuchado, entraron el jueves de noche a la residencia del militar, según su viuda, Cristina Batista Malhaes. Los delincuentes lo tomaron como rehén a él, a su esposa y a un empleado en habitaciones separadas.
“Quedé atada y trancada en el cuarto, mientras los delincuentes revisaban toda la casa en busca de armas y municiones. No era secreto para nadie que coleccionaba armas” , declaró la viuda.
“Da mucho miedo. No sabemos qué pensar” , dijo a O Globo una de las hijas de la pareja, Karla, agregando que las revelaciones del padre tomaron a la familia por “sorpresa” y que “lo mejor habría sido quedarse callado”.
El 25 de marzo, Malhaes admitió ante la Comisión de la Verdad lanzada por el gobierno para investigar los crímenes de la dictadura que torturó a opositores de izquierda en un centro clandestino ubicado a 80 km de Río.
José Carlos Dias, abogado miembro de la comisión, afirmó el sábado al sitio Brasil Post: “Por el tenor de lo que dijo en su declaración a la Comisión el mes pasado, sospecho de la quema de archivos. Incomodó a sus compañeros, que estarían con miedo de que hablase más”.
Para los grupos que investigan los crímenes de la dictadura, la muerte del coronel es una “muy mala noticia” porque puede “inhibir otros testimonios”.
“Las personas a las que llamen para declarar a partir de ahora pueden pensar: si abro la boca, alguien me va a callar”, dijo Adriano Diogo, presidente de la Comisión de la Verdad de Sao Paulo.
Torturada durante la dictadura, la periodista Rose Nogueira dijo a O Globo que se sorprendió “profundamente” por la confesión del coronel, pero que “nada justifica” la muerte. “Justicia no es eso”, remarcó.
Brasil reconoce oficialmente unos 400 muertos y desaparecidos durante la dictadura, contra 30.000 en Argentina y más de 3.200 en Chile.