He visto a un hombre llorar

El 8 de diciembre se cumple un aniversario más de una de las batallas decisivas de la Guerra del Chaco, y con más muertos: la toma de los pozos de agua de Yrendague.

soldados marchando, Guerra del Chaco
gentileza

Luego de la victoria de nuestras armas en “Cañada El Carmen” por el N-O, toda una División de Caballería realiza una marcha para llegar a los pozos de Yrendague en poder de tropas bolivianas, al mando del famoso coronel David Toro. Como una cuña quería llegar a los pozos, eligiendo un camino por demás penoso, un arenal de 60 Km, intransitable para vehículos cargados y agotador para animales y tropa a pie. Descollando valor, avanzaron por ese arenal asesino, por el otro lado, toda una división paraguaya, la 6ª D.I. al mando de un sexagenario coronel, a marchas forzadas y por picadas, avanzaba sin que se percataran de ese movimiento. El coronel Eugenio Alejandrino Garay alentaba a su tropa: “vamos, vamos, si hemos de morir, muramos todos juntos pero en Yrendague, jaháke lo mitã, ñamanótarõ, ñamanomba Yrendaguépe”.

Mientras las tropas bolivianas se enterraban en los arenales, con camiones cargados de armas y pertrechos se hundían en ese arenal, los soldados clamaban por un poco de agua, que no tenían, la moral de la tropa iba a menos.

El Cnel. Garay no parecía humano, como un poseso seguía alentando a los sedientos soldados; a marchas forzadas llegaron el día de la Virgen de Caacupé y en un zarpazo tomaron los pozos de Yrendague.

Lo demás es historia, con la toma de los pozos y la destrucción de la DC del Cnel. Toro a cargo de la naturaleza insensible del Chaco, que no distinguía nación ni color, sorbía ávida la vida de soldados por demás valientes, paraguayos y bolivianos, regaron sin hesitar generosamente el árido suelo, que durante tres años de guerra costo más 100.000 muertos en total de ambos ejércitos.

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Hace poco asistí a un acto de recordación de la batalla de El Carmen con la presencia augusta de media docena de excombatientes, durante la entonación del himno trataron de levantarse, pero sus piernas no le respondieron a algunos y resignados quedaron en sus asientos. Luego escuchamos el himno de los soldados 13 Tuyuti, las rugosas manos subieron hasta las curtidas mejillas de los mismos por donde bajaban dos lágrimas, que parecían regar esos rostros serenos y adustos recordando el infierno que sortearon.

Ni pestañearon, sus miradas parecían detenidas en el tiempo, esas lágrimas rebeldes seguían queriendo salir, les brillaban los ojos, ensayando una sonrisa. Varios discursos vacíos han escuchado de políticos y pícaros. Ambos bandos no pidieron ni dieron tregua, nuestros soldados descollaron coraje y valentía, ofrendaron lo más sublime, la vida.

Seguía observando a esos robles guaraníes, vi las lágrimas pero sonreían, supongo que seguían escuchando al sexagenario coronel alentar a sus soldados a llegar a Yrendague.

Los soldados son iguales en todo el mundo, dan su vida si hay necesidad por su patria.

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Un humilde homenaje a los bravos soldados que lucharon en la contienda chaqueña.

En tiempos de guerra, el hombre clama por Dios y sus soldados; en tiempos de paz, reniegan de Dios y olvidan a sus soldados

Salud, soldado... ¡Viva el Paraguay!

Gilberto Visconte

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