Amoris Laetitia

Este artículo tiene 9 años de antigüedad

No pocos cató]licos hemos permanecido en alerta ante este Papa, demasiado preocupado en aparentar humildad y sumisión, a la par que protagonizaba las portadas de revistas mundanas y beligerantes con el catolicismo, o afirmaba que el proselitismo era una “solemne tontería”, oponiéndose al mismo Cristo cuando dijo: “Id y haced discípulos de todas las naciones”.

Hoy se ha publicado su nueva exhortación, Amoris Laetitia, sobre la alegría del amor, en la que carga una vez más (capítulo 8), contra enseñanzas que la Iglesia considera inamovibles, esto es, contra un Magisterio cuyo fin es guiar la conducta moral de aquellos que pretenden alcanzar la vida eterna, señalando lo que es pecado y lo que no lo es, y ofrecer los medios para reconciliarse con Dios.

Las afirmaciones más controvertidas de “Amoris Laetitia” invitan a los fieles en situación de pecado, como los divorciados recasados, a exigir que la Iglesia cambie su posición doctrinal, en favor de una posición de misericordia, anulando y ninguneando las palabras de Jesucristo: “El que se divorcia y se casa con otra, comete adulterio”, pecado mortal según el 6º Mandamiento dado directamente por Dios a Moisés y que Cristo reafirmó con su evangelización.

Respecto a los anticonceptivos, Bergoglio afirma que la decisión de su uso no debe apoyarse en las normas dogmáticas de la Iglesia sino en la conciencia del matrimonio, contradiciendo abiertamente la encíclica de Pablo VI, “Humanae Vitae”. Francisco también reitera: “los católicos deberían mirar su propia conciencia antes que a las reglas del Vaticano para negociar las complejidades de las relaciones sexuales, del matrimonio y la vida familiar, exigiendo a la Iglesia que pase su énfasis, de la doctrina a la misericordia”.

En suma, este es un pseudo Papa al que no se debe seguir, si es que uno valora el destino eterno de su alma, pues al dirigir a los fieles a que desprecien la doctrina exigente del Hijo de Dios, y que se sometan, en cambio, al propio juicio de la conciencia individual, incluso si está mal formada y es errónea culpablemente, es un atrevimiento propio de un enemigo de la Iglesia, es un suicidio moral para aquellos incautos que siguen a Francisco a toda costa. Quien tenga inteligencia, que entienda.

Pili Montalbán