Todos sabemos que una máquina oxidada no puede funcionar bien, por ello existe el mantenimiento, el engrase, el aceitado. Pero en este artículo las palabras “engrase” y “aceitado” no tienen la connotación conocida en la política y la vida cotidiana del Paraguay. Hablo pues de una actitud y una mentalidad proactiva, patriótica y sobre todo honesta, es decir bien lubricada para el buen funcionamiento.
Durante mis seis décadas de vida, durante por lo menos cuatro de ellas he escuchado los mismos versos: “nosotros; corrupción eliminada; cero prebendarismo; honestidad absoluta; transparencia total; participación; gobierno para y por el pueblo”. Epítetos tan repetidos que ya han perdido hasta el color. Pero todos, sea el partido o grupo político que sea, se quedan afónicos y sin voz de tanto gritarlos.
Las últimas internas, por sobre todo las coloradas, han dado nuevamente una prueba, que de cambio no hay tan siquiera un principio. La lucha se centró en ganar las elecciones. Es comprensible, es el objetivo para llegar al poder.
Y allí está mi preocupación: la gran contrariedad que hay entre lo pregonado y lo pensado. El objetivo es llegar al poder, para hacer uso y abuso de él, para manejar las arcas del Estado. El objetivo es llegar al poder para favorecer los intereses no expresados, mas muy bien definidos en el silencio.
¿Y el pueblo? ¿Y la patria? ¿Y lo común? Seguirán en sus respectivas gavetas esperando, esperando el momento en que alguien sacuda el polvo de las carpetas pendientes y se preocupe y ocupe como corresponde.
Seamos optimistas, ¿será el próximo gobierno el tan esperado?
Rodolfo Troche Rasmussen
