Transcurrieron más de 150 años de aquel día en que el Ingeniero inglés George Paddison pisó por primera vez el suelo patrio. Llegaba con una misión específica, la construcción del ferrocarril, para el efecto el gobierno de Don Carlos Antonio López no escatimó en gastos.
Así, con una labor proba y eficiente el ferrocarril, arranca por primera vez en el año 1861, creándose la estación San Francisco, de donde partió para su destino a Trinidad. En diciembre del mismo año el tren llegaba a la ciudad de Luque. Un año después ya llegaba a Areguá y después Pirayú. Luego el servicio se suspendió por la guerra.
En un país destrozado y empobrecido por la guerra se venden todas las instalaciones a Patri, un multimillonario italiano y durante el gobierno de Bernardino Caballero se vuelve a recuperar y se contrata a la misma empresa Patri para la ampliación de la red ferroviaria.
A partir de entonces el ferrocarril cambia de manos hasta el año 1961 en que el tren vuelve a lucir el emblema patrio conformándose un ente autárquico, sistema que hasta la fecha administra la entidad ferroviaria.
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Pero… ¿qué pasa actualmente? ¿por qué el Paraguay es, tal vez, el único país en el mundo que no tiene ferrocarriles? Siendo que es el vehículo más económico, no solo para el traslado de personas sino también para el de los productos nacionales.
Una red ferroviaria que conecte con las redes internacionales a través de Encarnación y Ciudad del Este, ¿no sería acaso súper provechosa? además la inversión estaría a cargo de capitales foráneos.
¿Por qué el Paraguay debe sufrir esta rémora ferroviaria por culpa de intereses creados, intereses que logran paralizar todo intento de llegar a acuerdos con empresas interesadas.
¿Pero, quienes son los que están poniendo el palo en la rueda? ¿No serían los empresarios del transporte los interesados en que no prospere ningún proyecto ferroviario? Lógicamente, ellos serán los más golpeados porque el costo de un boleto de tren será mucho más económico que el de un ómnibus, por ejemplo. O el transporte de los commodities, que actualmente se hacen en camiones o barcos.
Pero es hora que se piense en el interés público y no en los bolsillos de los empresarios del transporte.
Este gobierno que proclama un “nuevo rumbo” debería ponerse las pilas para lograr algo tan trascendental como es el ferrocarril, el vehículo más popular del mundo por su bajo costo a diferencia de los esqueléticos ómnibus chatarras que nos obsequian los empresarios a diario, paralizando el país cuando a ellos se les ocurre.
Ojalá que al Presidente de la República se le ocurra remover este avispero y se conforme una APP (alianza público-privada) para el efecto.
JJ Migliore
