Espolones caninos: ¿un legado de la evolución que debemos conservar?

Patas de perro con espolones.
Patas de perro con espolones.Oksana Restenko

En muchas clínicas veterinarias, la primera consulta de un cachorro suele incluir una pregunta recurrente: “¿Conviene quitarle los espolones?”. Esos pequeños “quintos dedos”, a veces apenas visibles y otras claramente formados, dividen a criadores, tutores y especialistas. ¿Son realmente inútiles? ¿Un simple residuo evolutivo?

Un resto ancestral… pero no tan inútil

El espolón es un dedo adicional, generalmente situado en la cara interna de las patas. En las delanteras suele estar mejor formado, con hueso y articulación; en las traseras, a menudo es solo piel y uña sujetas por poco tejido.

Patas de perro con espolones.
Patas de perro con espolones.

En términos evolutivos, los carnívoros primitivos tenían cinco dedos bien desarrollados. A medida que la locomoción se adaptó a la carrera y al salto, algunos se redujeron o perdieron. En los cánidos modernos, el espolón se considera un rasgo vestigial: un resto anatómico que ha perdido parte de su función original, pero no necesariamente todo su papel.

Estudios de biomecánica señalan que los espolones delanteros pueden entrar en contacto con el suelo a alta velocidad o en giros cerrados, contribuyendo a la estabilidad y al agarre, especialmente en terrenos irregulares. En cambio, los posteriores, cuando existen, suelen estar peor anclados y presentan menos utilidad funcional.

De los lobos a los salones de belleza canina

En lobos y perros silvestres, los espolones traseros son raros. La selección natural penaliza estructuras que se enganchan con facilidad y pueden infectarse. Sin embargo, la cría selectiva humana ha cambiado el panorama.

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En algunas razas de trabajo —como el pastor de los Pirineos o el Beauceron— los espolones dobles traseros se han convertido incluso en requisito de estándar.

Perro Beauceron.
Perro Beauceron.

Históricamente, se creía que ayudaban al agarre en nieve o terrenos montañosos. Aunque la evidencia científica es limitada, el rasgo se ha mantenido más por tradición y cultura de raza que por estudios funcionales concluyentes.

En paralelo, la expansión de la estética canina y de ciertas normas de exposición consolidó durante décadas la práctica de extirpar espolones, sobre todo en cachorros de razas de compañía o deportivas.

Cirugía preventiva o mutilación innecesaria

La discusión actual se mueve entre dos argumentos principales. Quienes defienden la extracción temprana sostienen que los espolones, en especial los traseros sin hueso, se enganchan con facilidad en mantas, mallas o vegetación, provocando desgarros dolorosos y posibles infecciones.

Patas de perro con espolones.
Patas de perro con espolones.

La cirugía en cachorro, realizada en los primeros días de vida, es rápida y de menor complejidad.

Por otro lado, asociaciones de bienestar animal y un número creciente de veterinarios consideran que la extirpación sistemática, sin una indicación médica concreta, es una mutilación injustificada, comparable al corte de orejas o cola. Subrayan que muchos perros viven toda su vida con espolones sin sufrir lesiones y que los riesgos pueden manejarse con recorte regular de uñas y cuidado del entorno.

En varios países europeos, la eliminación rutinaria de espolones con fines estéticos está restringida o prohibida, mientras que se permite la intervención cuando existe riesgo real de daño o un historial de lesiones repetidas.

Un pequeño hueso que interpela nuestras decisiones

Más allá del debate técnico, los espolones son un recordatorio visible de cómo la evolución y la selección humana se superponen en el cuerpo del perro. Un rasgo que en la naturaleza tiende a desaparecer puede mantenerse, exaltarse o eliminarse según criterios de trabajo, tradición o moda.

Para los tutores, la decisión pasa por informarse: saber si el espolón de su perro tiene hueso y articulación, valorar su estilo de vida —campo, deporte, ciudad— y consultar con un profesional que evalúe el caso individual, no solo la costumbre de la raza.

Ese discreto “quinto dedo” cuenta una historia de millones de años de adaptación… y de unas pocas decenas de miles de convivencia con los humanos. Si conservarlo o no dice menos del perro, y mucho más de cómo entendemos hoy su bienestar.