Un momento de vulnerabilidad (y una búsqueda de protección)
Defecar y orinar dejan al animal en una posición físicamente incómoda y con menor capacidad de reacción. Por eso, etólogos y veterinarios explican que muchos perros miran a su tutor como una forma de “chequeo” del entorno: si vos estás tranquilo y atento, el lugar se percibe como más seguro.
En hogares en los que los paseos se hacen en zonas con ruido, gente o perros desconocidos, este comportamiento puede intensificarse.
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Comunicación aprendida: “¿lo estoy haciendo bien?”
En la rutina de paseo, el perro aprende rápido qué conductas generan respuestas. Si después de hacer sus necesidades recibe elogios, caricias o inmediatamente continúa la caminata, puede asociar ese instante con una interacción importante y buscar tu mirada como confirmación.

No es que sienta culpa; es que está leyendo señales y anticipando lo que viene.
El perro es una especie social. Mirarte durante un acto cotidiano puede ser también una forma de mantener coordinación con su referente. En términos simples: “estoy ocupado, pero sigo conectado contigo”.
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Esto es más frecuente en perros especialmente apegados, en individuos inseguros o en animales adoptados que aún están construyendo confianza con su nueva familia.
Cuándo conviene prestar más atención
La mirada fija, por sí sola, no suele ser motivo de alarma. Pero si aparece acompañada de esfuerzo excesivo, llanto, posturas rígidas, heces muy duras o con sangre, diarrea persistente, lamido constante de la zona anal o intentos fallidos de evacuar, puede indicar dolor o problemas gastrointestinales, urinarios o de glándulas anales.
En esos casos, lo recomendable es consultar con un veterinario.
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Qué hacer en el paseo
Si tu perro te mira mientras evacua, lo más útil suele ser darle unos segundos de calma, mantener el entorno controlado y evitar tirones de correa.
Una actitud serena refuerza la sensación de seguridad. En la mayoría de los casos, esa mirada no es incómoda: es confianza.
