El Pug ronca, resopla y emite sonidos extraños principalmente porque es una raza braquicéfala: tiene el hocico muy corto y estructuras respiratorias comprimidas en poco espacio. Esa anatomía estrecha el paso del aire y genera turbulencias, sobre todo al dormir, jugar, comer, tirar de la correa o exponerse al calor.

El punto importante para quienes conviven con uno es que esos ruidos no son necesariamente inofensivos. Pueden ser la expresión leve —o avanzada— del síndrome obstructivo de las vías respiratorias braquicéfalas (BOAS), un trastorno frecuente también en bulldogs y Boston terriers.
Qué produce los ronquidos y resoplidos del Pug
En muchos Pugs, las narinas —los orificios nasales— son estrechas y dejan entrar menos aire. A esto pueden sumarse un paladar blando demasiado largo o grueso, una tráquea de menor diámetro y tejidos de la garganta que vibran al respirar. El resultado es el clásico jadeo ruidoso, los ronquidos profundos y una respiración que parece esforzada.

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No se trata de que el perro “respire fuerte” por su personalidad. Es física: cuando el aire debe atravesar un conducto más angosto, circula con mayor velocidad y hace vibrar los tejidos blandos. Por eso el sonido suele intensificarse cuando el animal está relajado o dormido, cuando los músculos de la garganta pierden tonicidad.
Una investigación publicada en PLOS ONE sobre perros braquicéfalos mostró que la conformación extrema del cráneo se asocia con signos clínicos de obstrucción respiratoria. Un hocico muy corto es un factor de riesgo anatómico.
El “estornudo inverso”: un episodio que suele asustar
Algunos Pugs hacen inhalaciones rápidas, ruidosas y repetidas, como si aspiraran aire con desesperación. Este cuadro se conoce como estornudo inverso. Puede aparecer por irritación de la nariz o la garganta, excitación, cambios de temperatura, polvo o al beber y comer con ansiedad.

Un episodio breve, tras el cual el perro vuelve enseguida a la normalidad, no siempre representa una urgencia. Sin embargo, si ocurre con mucha frecuencia, dura varios minutos, se acompaña de desmayo, arcadas persistentes o dificultad para recuperarse, conviene descartar obstrucciones, problemas de paladar, alergias, infecciones u otras enfermedades respiratorias.
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Cuándo el ruido deja de ser habitual
Que un Pug haga algún ruido al dormir no significa, por sí solo, que esté enfermo. La señal de alarma aparece cuando los sonidos se combinan con limitaciones en su vida diaria. Un perro no debería tener que detenerse durante un paseo corto para recuperar el aire, ni jadear intensamente en reposo dentro de una casa fresca.
Hay que consultar con un veterinario si el Pug presenta respiración con la boca abierta sin haber hecho ejercicio, encías azuladas o muy pálidas, desmayos, intolerancia al paseo, tos o arcadas nocturnas, sueño inquieto, pausas al respirar o empeoramiento marcado en verano. El golpe de calor es especialmente peligroso en esta raza: al tener más dificultades para ventilar, elimina peor el calor corporal mediante el jadeo.
Qué puede ayudar sin reemplazar una evaluación veterinaria
Mantener un peso saludable reduce la carga sobre el sistema respiratorio: el exceso de grasa puede estrechar aún más las vías aéreas y disminuir la tolerancia al ejercicio. También conviene evitar las horas de calor, ofrecer agua, priorizar arnés en lugar de collar y no forzar juegos intensos.
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La evaluación veterinaria puede determinar la gravedad del BOAS mediante la observación de la respiración, la tolerancia al ejercicio y, cuando hace falta, el examen de nariz, paladar y laringe. En casos seleccionados, corregir quirúrgicamente narinas estrechas o un paladar demasiado largo puede mejorar de manera significativa la entrada de aire y la calidad de vida del perro.
